Una nueva investigación publicada en el International Journal of Sociology and Social Policy por los profesores de Economía Aplicada de la Universitat de Valencia José Manuel Pavía y Josep Lledó pone en duda uno de los pilares del debate público sobre las pensiones en España: su progresividad. El estudio, titulado On the progressivity of public pension systems: the case of Spain , concluye que el sistema actual favorece indirectamente a las rentas más altas debido a las disparidades en la esperanza de vida. Tradicionalmente, el sistema español se ha considerado progresivo porque las pensiones más bajas tienen tasas de reemplazo proporcionalmente mayores. Sin embargo, este análisis revela que dicha percepción es incompleta. Al examinar un conjunto de microdatos masivo (48,5 millones de entradas desglosadas por secciones censales), los investigadores demuestran que existe una correlación directa entre el nivel de ingresos y la longevidad. «El sistema de pensiones español, efectivamente, es generoso en tanto que recibes más de lo que aportas -siendo la aportación la suma de lo que paga la persona trabajadora y la empleadora-», pero no así «progresivo». Y es que afirmar con rotundidad que el sistema es progresivo significa, según apunta Pavía, «asumir que la esperanza de vida a la edad de la jubilación es la misma para todo el mundo independientemente de la renta». El estudio señala en este punto un error fundamental , puesto que, en la práctica, las personas con mayores ingresos tienden a vivir más años tras la jubilación, lo que les permite cobrar la pensión durante un periodo de tiempo más largo, configurándose así el factor de la longevidad como la clave del desequilibrio y la causa de la regresividad en el sistema de pensiones. Al calcular las tasas reales de retorno (la relación entre lo cotizado y lo recibido a lo largo de toda la vida, ajustado por poder adquisitivo), los datos muestran que los contribuyentes de rentas altas terminan recibiendo una rentabilidad relativa superior a la de los contribuyentes de rentas bajas. En opinión de José Manuel Pavía, este resultado «ofrece cobertura teórica y empírica a la última reforma del sistema de pensiones, en concreto, a la llamada «cuota de solidaridad», que comenzó a implantarse a inicios de 2025 y que implica que las rentas más altas van a cotizar más, acorde a sus ingresos, ya que se van a ir subiendo las bases de cotización, aunque esa cotización extra no dé derecho a un incremento de pensión». Así pues, parece inapropiado asumir la progresividad del sistema de pensiones español sin tener en cuenta las desigualdades sociodemográficas , ante lo que el estudio valenciano sugiere que, para que el sistema sea verdaderamente equitativo, las políticas públicas deben considerar estas disparidades en la esperanza de vida residual. De lo contrario, el sistema contributivo podría estar funcionando de manera paradójica, es decir, como un mecanismo que otorga mayores beneficios a quienes lo necesitan relativamente menos. Los investigadores utilizan una metodología innovadora basada en datos de alta resolución de la población española, permitiendo un análisis preciso por niveles de renta y ubicación geográfica, si bien se excluyen las pensiones no contributivas; una excepción motivada por que, según explica Pavía, «estas pensiones son resultado de un acuerdo social -ya que buscan garantizar un mínimo de ingresos para personas en situación de vulnerabilidad- y no de un derecho adquirido por tus cotizaciones». Los datos recogidos en el estudio pertenecen al año 2019 con el fin, de acuerdo con Pavía y Lledó, de evitar el «efecto covid». No obstante, el trabajo ofrece una nueva perspectiva sobre cómo las desigualdades biológicas y socioeconómicas se manifiestan dentro de los sistemas de seguridad social de reparto.