«Venga, dale un beso, que te quiere mucho y no te cuesta nada» . Casi todos los niños han tenido que escuchar esta frase que, aunque suele pronunciarse con buena intención, puede tener importantes consecuencia en el desarrollo de su personalidad . Lo que para los adultos es un gesto de cariño , para los más pequeños puede convertirse en una invasión del espacio personal , con lo que no siempre reciben los besos o abrazos de buena gana. Y esto no quiere decir que no quieran a la persona, simplemente que no les apetece hacerlo en ese momento. En estos momentos, es muy importante respetar su decisión, afirma la psicóloga infantil Beatriz Cazurro , quien pone el foco en nombrar lo que el niño siente y darle permiso para decir que no . «Cuando son muy pequeñitos y vas a casa de la abuela, la tía, quien sea, y van a darles un beso y les cogen, tú ves la cara que tienen de 'yo no estaba queriendo esto' », explica la experta en una entrevista. Para ella, en este momento, aparece una oportunidad educativa esencial: «Nombrar es muy potente» . En este sentido, subraba que decir en voz alta '¿mira, tú no querías ese abrazo?' puede abrir un espacio de validación que, muchas veces, el niño aprovecha para responder que no. Además, también se puede intervenir directamente como adulto, al menos hasta que el pequeño pueda negarse por sí mismo. «Si lo ves de antes y les conoces, decir: 'Oye, creo que no quiere un abrazo' », propone. Entonces, añade, se le puede preguntar al niño si quería el abrazo. Según Cazurro, se trata de decir «mira, yo le voy a parar los pies hasta que puedan pararlo». Con el tiempo, explica, los niños aprenden a gestionar estas situaciones con más matices . «A veces dicen: 'Sé que no quiero el abrazo, pero a la abuela le hace ilusión, pues te los doy y sigo para adelante'», precisa. La psicóloga subraya que el permiso para decir que no se construye desde muy pequeños. Cuando un adulto valida lo que sienten, preguntando «¿no te ha gustado?» o «¿no querías esto?», el niño interioriza que poner límites no es algo malo ni conflictivo . «Luego son mayores y se atreven a decir que no porque tienen el permiso y se les ha quitado el peso de decir que no como si fuera algo horrible», detalla. Esa libertad para dar su consentimiento o rechazar lo que no les gusta se puede extender después a cualquier situación. Eso sí, aunque el objetivo no es incomodar a nadie, sino acompañar al niño hasta que pueda defender sus propios límites, Cazurro advierte que este tipo de intervenciones puede crear problemas: «Te ganas enemigos familiares , por lo menos momentáneos muchas veces, y es una renuncia también».