Brigitte Bardot , uno de los grandes mitos del cine europeo del siglo XX, falleció el pasado 28 de diciembre a los 91 años a causa de un cáncer . Así lo ha revelado su viudo, Bernard d'Ormale, en una entrevista concedida a Paris Match en la víspera del funeral celebrado este miércoles en Saint-Tropez. La actriz, convertida desde hace décadas en una de las voces más firmes en defensa de los animales, se había sometido a dos operaciones para tratar la enfermedad en los últimos meses. Según explicó su marido, Bardot «resistió muy bien» ambas intervenciones , aunque finalmente no logró superar el cáncer que acabó con su vida. D'Ormale no precisó el tipo de cáncer que padecía la intérprete, un detalle que la familia ha preferido mantener en la intimidad. Durante el pasado otoño, Bardot fue hospitalizada en dos ocasiones, ingresos que en su momento no se explicaron públicamente. Con el paso de los días, esas estancias médicas cobran ahora un nuevo sentido. No era la primera vez que la actriz se enfrentaba a esta enfermedad: en la década de 1980 ya había sufrido un cáncer de mama , del que entonces logró recuperarse. A pesar del deterioro físico propio de la edad y de la enfermedad, Bardot nunca perdió del todo su carácter ni su determinación. «Ella siempre quería volver a La Madrague», relató su esposo, en referencia a la emblemática casa de Saint-Tropez donde vivió durante años y donde finalmente murió. Sin embargo, regresar allí no siempre era fácil. D'Ormale explicó que los dolores de espalda persistentes que sufría la actriz la hacían padecer intensamente y la dejaban exhausta. «Era incómodo, incluso cuando estaba en la cama», confesó. Pese a esas limitaciones físicas, la lucidez de Bardot se mantuvo hasta el final. Según su marido, la actriz estuvo consciente y siguió preocupándose por el destino de los animales, una causa a la que dedicó gran parte de su vida tras abandonar el cine en los años setenta. Su compromiso con la protección animal fue constante y se materializó en la fundación que lleva su nombre, desde la que impulsó campañas y denuncias durante décadas. La entrevista también arroja luz sobre una de las decisiones más comentadas tras su fallecimiento: el lugar de su entierro. Bardot había manifestado en numerosas ocasiones su deseo de ser enterrada en La Madrague, su refugio frente al mundo y símbolo de su independencia. Sin embargo, esa voluntad no pudo cumplirse. Según explicó D'Ormale, hace algunos años la actriz comprendió que el Ayuntamiento no podría gestionar una tumba en ese enclave. «Imaginen mareas de turistas congregándose en el estrecho sendero litoral» , señaló su esposo, consciente de la dimensión casi mítica que rodea su figura. Ante esa realidad, Bardot acabó aceptando la idea de ser enterrada junto a sus padres, en el cementerio marítimo de Saint-Tropez, un lugar discreto pero profundamente ligado a su historia personal. El funeral, celebrado este miércoles en la localidad, se organizó con sencillez , tal y como confirmó a la AFP Bruno Jacquelin, portavoz de la fundación creada por la actriz para la protección de los animales.