En la solemnidad de la Epifanía del Señor, la hermandad del Gran Poder se congrega en oración para celebrar la manifestación de Cristo a los pueblos. La venerada imagen del Señor, en su basílica, se erige como faro de fe y esperanza, recordándonos que la luz de Dios se revela a todos sin distinción. Cada gesto y cada palabra buscan abrir el corazón a la presencia de Cristo, siguiendo el ejemplo de aquellos que, guiados por la estrella, acudieron a adorar al Niño. Inspira la caridad, fortalece la fe, para que, en comunión toda la iglesia, los fieles puedan dar testimonio de la manifestación de Dios en nuestra vida cotidiana. 'Ecce advénit Dominátor Dóminus; et regnum in manu ejus et potéstas et impérium'. 'Ya viene el Señor del Universo. En sus manos está la realeza, el poder y el imperio'. Es el día de la manifestación de Jesús a los pueblos, es el canto que suena cada 6 de enero en la basílica del Gran Poder. La Epifanía es una de las fiestas litúrgicas más antiguas , más incluso que la propia Navidad. Este misterio está recogido en el evangelio de San Mateo, es la manifestación del hijo de Dios, que ha nacido para traer al mundo la salvación. A lo largo de los primeros días del año, la basílica del Gran Poder se convierte en un punto privilegiado de encuentro con el Señor en la ciudad. Numerosos fieles acuden para dar gracias por el año nuevo; ya sea durante los cultos o en cualquier momento del día, visitan su camarín para besar su talón, depositar sus peticiones y vivir un instante de oración íntima y devota.