Fátima M. B. cumplió 26 años el 24 de diciembre, Nochebuena; dio a luz a su quinto hijo el día 29 y poco más de 24 horas después murió defenestrada desde un piso 11º, según la investigación, a manos de un amigo que conocía desde que vivió en un centro de menores. Tan poca vida y tanto malvivido. En su entorno de amistades explican a ABC que dudan de que su muerte no se tratara de un suicidio; pero el Grupo V de Homicidios tiene claro que fue una muerte causada en contra de su voluntad , a la luz de los testimonios de los vecinos y de las pruebas forenses de la Policía Científica. Esta es una historia triste, la más triste para alguien que llegó de Perú a los diez años con su tío, alcohólico y con problemas con las drogas, y estuvo en el centro de primera acogida de Hortaleza, para menores extranjeros no acompañados. Y tuvo la gran suerte de caer en una conocida familia de la burguesía vasca muy bien situada económicamente, en el barrio de Salamanca. Fátima fue adoptada por ellos en su pubertad, pero «era muy rebelde» y con 16 años quedó tutelada en un centro de menores Picón del Jarama. De allí, después, manaría la operación Sana , en la que se investigó a numerosos pandilleros y traficantes de baja estofa como presuntos muñidores de una red de explotación sexual y drogas de menores huidas de ese recurso. A esa edad, ya tenía a su novio, Moha (con el que seguía) y quedó embarazada por primera vez. Una persona muy cercana a ella lo recuerda: «Siguió allí con su embarazo y le quitaron el bebé, un varón». Era demasiado joven e inmadura para ser madre. Cuando cumplió los 18, la enviaron a un piso tutelado, pero la expulsaron porque se escapaba con Moha. Entonces, empezó su peregrinaje como okupa en Vallecas, en Pozuelo de Alarcón, en Arganda del Rey... «Uno de los propietarios tuvo compasión de ella porque volvía a estar embarazada, pero ese niño también fue entregado a los servicios sociales», indica una amiga. Mientras, siguió su relación con Moha, cocinero, mientras que ella trabajaba como camarera en bares y restaurantes. La Fundación Madrina le dio acogida y la tuvo en un piso tutelado durante el tercer embarazo. Un conocido le contactó: como ella era adoptada, tenía DNI español, y le explicó que un marroquí buscaba hacerse pareja de hecho por conveniencia con una mujer para obtener la residencia. Fátima cobró 9.000 euros por ello, hace unos años, y firmó la unión, aunque seguía con su chico. Un fraude de ley en toda regla. El mismo amigo le buscó a los dos jóvenes el piso de la calle de Santa Escolástica, 7, donde murió el 31 de diciembre. Volvió a quedarse encinta, esta vez, de gemelas. «Para no tener que entregarlas de nuevo, se fue a Marruecos a dar a luz, pero al regresar a España a registrarlas, se las quitaron los servicios sociales», inciden en su entorno. «Pero volvió a pasarle, y eso que desde el centro de menores llevaba el Implanon, un implante anticonceptivo subdérmico». El último parto fue el 29 de diciembre, se le adelantó. «La noche antes me dijo que se sentía mal, que le dolía la tripa. Estaba muy nerviosa, pero a mí jamás me habló de suicidarse. Otro amigo dice que a él sí». Nada más dar a luz, le retiraron al recién nacido. La noche del día 30 al 31, «según explicó su novio, estaban en el piso con dos amigos a los que invitaron a comer». Fátima le pidió a Moha que bajara a por más bebidas, pasada la una de la madrugada, «porque se habían acabado». Y en ese 'impasse', en que se quedó sola con los dos varones, ocurrió todo. El detenido dice que ella se quiso tirar por la ventana y él trató de impedirlo, pero forcejearon y Fátima consiguió lanzarse al vacío. El sospechoso es un nigeriano de 45 años, arrendador de la vivienda y con reseñas por incumplir la ley de extranjería. Está en prisión provisional, acusado de homicidio. Luego hubo un segundo arrestado, que ha quedado en libertad.