En los campos de tomate de Miajadas, en Cáceres, el verde intenso de los cultivos convive con setos recién plantados que atraen a pájaros e insectos beneficiosos. En Castilla y León y Navarra, agricultores de cereal han cambiado la rutina del laboreo por técnicas que dejan descansar la tierra y conservan mejor su humedad. Y en las granjas de Galicia, Asturias y Cantabria, los establos han instalado sistemas de climatización que mejoran la vida de las vacas mientras se reducen emisiones contaminantes. Todas estas iniciativas, que a primera vista pueden parecer proyectos aislados, forman parte de una estrategia común: transformar la manera en que la multinacional Nestlé produce alimentos, con un respaldo en España alcanza ya los 12 millones de euros en los últimos cinco años destinados directamente a agricultores y ganaderos. La magnitud del desafío es evidente: casi dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta proceden de la agricultura y la ganadería. Con el horizonte de la neutralidad climática en 2050, Nestlé ha decidido acelerar su compromiso en España con un paquete de medidas que afectan de forma directa a unas 500 explotaciones repartidas por todo el territorio. Esta inversión se enmarca en una partida de inversión corporativa de más de 112 millones de euros que la firma ha destinado desde que comenzó esta década a iniciativas de sostenibilidad en la cadena de valor española. «Estamos convencidos de que el futuro de la alimentación pasa por un modelo que regenere, no que agote. Y queremos ser un motor de cambio en el campo español, trabajando con quienes nos proveen cada día», subrayó Jordi Llach, director general de Nestlé España, durante un encuentro con los medios en Madrid esta semana. Insistió en que la colaboración estrecha con agricultores y ganaderos es el camino para alcanzar resultados tangibles: «Ellos son los verdaderos protagonistas. Nosotros aportamos inversión, asesoramiento y acompañamiento técnico, pero el cambio nace en sus parcelas y en sus granjas». En la fábrica de Miajadas (Cáceres), donde se elaboran las salsas de tomate Solís, el 100% de la materia prima ya proviene de cultivos regenerativos. No se trata de un giro repentino, sino de una evolución de más de una década. En 2010 nació la iniciativa 'Solís Responsable', con la que se apostaba por tomates de proximidad y compromisos medioambientales certificados por Producción Integrada de Extremadura. El siguiente paso ha sido dar un salto hacia técnicas regenerativas: rotación de cultivos, instalación de setos para fomentar el desarrollo y la implantación natural de la fauna útil y de los polinizadores, así como cubiertas vegetales en invierno que protegen el suelo frente a las helada y conservan su estructura y vida microbiológica. Gracias a ello, el tomate extremeño no solo alimenta una fábrica, también asegura biodiversidad, mejora la salud del suelo y aumenta la resiliencia de los agricultores frente a fenómenos climáticos extremos, al tiempo que fija población en zonas desfavorecidas. «Lo importante es que estas prácticas no son solo buenas para el medio ambiente, sino también para la estabilidad económica de las familias que cultivan la tierra», destacó Llach. En La Penilla de Cayón (Cantabria), la factoría donde se producen las papillas infantiles de la marca, el cereal llega exclusivamente de Castilla y León y Navarra. Desde 2021, Nestlé ha invertido ya 1,5 millones de euros en apoyar a 26 agricultores en su transición hacia un cultivo regenerativo, con la previsión de alcanzar los 3 millones en 2027. Son en total unas 5.000 hectáreas donde se aplican medidas como la siembra directa, el mínimo laboreo o la rotación de trigo, avena y cebada. El resultado es tangible: las 20.000 toneladas de grano que abastecen a la fábrica ya provienen íntegramente de estas prácticas. Y los cálculos son claros: se ha reducido en un 40% de media la emisión de CO2 equivalente en esas parcelas. «El campo español tiene un potencial enorme para liderar esta transición. Con innovación y apoyo, podemos demostrar que se puede producir de otra manera», señaló el CEO de Nestlé España. El trabajo con el sector lácteo es otro pilar del proyecto. Un centenar de granjas gallegas, asturianas y cántabras aplican técnicas regenerativas en los cultivos que alimentan a sus vacas. Se diseñan planes de fertilización individualizados, se reduce el laboreo, se fomenta la siembra de leguminosas y se avanza en rotación de cultivos. En paralelo, la empresa —según información facilitada siempre por la compañía— ha invertido más de 6 millones de euros en estas explotaciones, lo que ha permitido instalar placas solares, cubrir fosas de purines y mejorar el bienestar animal. Solo en 2024, la reducción conjunta superó las 43.600 toneladas de emisiones de CO2 equivalente. Pero hay algo más: la apuesta por el relevo generacional. En colaboración con Veterinarios Asociados, se puso en marcha un programa de agroemprendimiento en Cantabria para formar a jóvenes en calidad de la leche, bienestar animal y rentabilidad. Más de 40 ganaderos han pasado ya por esta experiencia de diez meses que combina teoría y práctica. «El relevo generacional es vital. Sin jóvenes en el campo, no habrá futuro para la agricultura ni para la ganadería. Queremos que sientan que tienen oportunidades reales para innovar y vivir de su trabajo con dignidad», recalcó Llach. El máximo responsable de Nestlé insistió en que esta estrategia no puede desligarse de la responsabilidad social: «El cambio climático es un reto global, pero las soluciones tienen que aplicarse en lo local. Por eso apoyamos a comunidades concretas, porque son éstas las que están en primera línea de este esfuerzo». Todas estas acciones se engloban en un concepto que va más allá de un eslogan. Restaurar la fertilidad del suelo, capturar carbono, mejorar los ecosistemas, reducir emisiones y fortalecer la economía rural son las claves de este enfoque. «Queremos que, dentro de unos años, cuando miremos atrás, podamos decir que ayudamos a transformar el sistema alimentario desde dentro, con hechos, no con palabras», concluyó Jordi Llach.