Durante meses, José Luis apenas podía dormir en su casa. Desde su ventana, en el barrio de Malilla, en Valencia , veía y escuchaba cómo catorce contenedores de vidrio convertían su día a día en una tormenta de ruidos, camiones y cristales rotos a todas horas. Ahora, después de numerosas quejas presentadas al Ayuntamiento, ha conseguido que se los retiren y, así, poder descansar al fin. El vecino es propietario de un domicilio colindante a un solar propiedad del consistorio de la ciudad. Justo delante de su ventana, a unos escasos veinte metros, había situados alrededor de catorce contenedores de recogida de vidrio de gran tamaño, ubicados en este lugar por la administración local para que la empresa de residuos depositara el material desechable generado por establecimientos y locales de hostelería, entre otros comercios. Esta situación provocaba que, según denuncia, que de manera reiterada se produjeran recogidas con una duración de entre 30 y 45 minutos, con el «consecuente ruido y molestias que supone la caída del vidrio y los vehículos cargando y descargando los contenedores». «Estas recogidas se producían durante todo el día y, en muchos casos, fuera de los horarios establecidos por las ordenanzas de la ciudad — de 8 de la mañana a 22 horas — impidiendo que pudiera realizar una vida con normalidad en su domicilio, al vivir con el ruido de la carga y descarga de los contenedores a todas horas», señalan desde FACUA, organismo que le he asesorado en las reclamaciones. Pero, además, la recogida del vidrio también derivaba en que quedaran restos y residuos en el suelo que, posteriormente, no eran limpiados de forma adecuada, provocando serios riesgos de insalubridad en la zona de la capital del Turia. Harto de que esta situación se produjera todos los días, acudió en diversas ocasiones al Ayuntamiento de Valencia para pedir que retiraran los contenedores a alguna otra localización en la que no supusiera molestias para los vecinos. «Desde el consistorio, sin embargo, se limitaban a indicarle que tomaban nota y que trabajarían para que se respetaran los horarios de recogida de residuos», apunta la asociación. Argumentan que el problema radicaba que el denunciante trataba de explicar a los trabajadores municipales es que la carga y descarga de los contenedores se producía de forma intermitente durante todo el día y no en una hora concreta localizada , lo que hacía que los vecinos de su zona sufrieran los ruidos constantemente. Tras intentos nada fructuosos, el equipo jurídico de Facua planteó un escrito de reclamación al consistorio para instarle a que trasladara los contenedores de vidrio a un lugar alejado de la zona residencial en la que José Luis tiene su vivienda. Surtió el efecto deseado y poco después le comunicaron que habían estudiado la posibilidad y días más tarde los contenedores ya no estaban debajo de su terraza. « Por fin puedo estar en mi casa sin tener que escuchar a todas horas el ruido de la carga y descarga del vidrio», celebra.