Con la llegada del verano, la sandía se convierte en uno de los alimentos favoritos para refrescarnos y disfrutar de una de las mejores frutas de temporada. Sin embargo, María de Lluc ( @mariadellucmr ), nutricionista y creadora de contenido en TikTok, nos advierte sobre un error muy común: comprar sandía ya cortada y sin refrigerar . Aunque a primera vista pueda parecer una opción práctica, esta costumbre puede poner en riesgo la salud. En este artículo te explicamos por qué debes tener cuidado y cómo disfrutar de la sandía de forma segura. Cuando compramos una sandía entera, su cáscara actúa como una barrera natural que protege la pulpa interna, la parte dulce y jugosa que tanto gusta. Pero al cortarla, esta protección desaparece, dejando la fruta expuesta a bacterias que pueden resultar peligrosas, especialmente si la sandía no se mantiene en frío. Según María, «cuando una sandía pierde su barrera protectora natural que sería la cáscara, deja expuesta la parte interior que sería la parte dulce y húmeda, y esto lo que hace es que se puedan llevar a cabo posibles contaminaciones bacterianas del ambiente, apareciendo bacterias como salmonella, E coli, listeria .» Estos microorganismos pueden crecer rápidamente en ambientes cálidos y provocar desde molestias digestivas hasta infecciones graves, por lo que la nutricionista insiste en que la precaución es fundamental. La recomendación más importante es comprar la sandía entera y cortarla en casa , asegurándonos así de que la fruta está fresca y no ha sido expuesta a ambientes poco adecuados. Y es que cuidar lo que comemos pasa también por cuidar cómo lo compramos y manipulamos . Así que si optas por comprar sandía ya cortada, asegúrate siempre de que esté bien refrigerada, tanto en el punto de venta como durante el transporte. ¿Y por qué es aún más importante en verano? Porque el calor favorece la proliferación de bacterias , y la sandía, por su alto contenido de agua y textura blanda, es especialmente vulnerable. Por eso esta fruta debe manejarse con cuidado durante el verano, para evitar intoxicaciones alimentarias. Y es que la advertencia de María de Lluc no es solo una recomendación puntual, sino un recordatorio de que pequeños detalles en cómo compramos y manipulamos los alimentos pueden marcar una gran diferencia para la salud.