Miren (nombre ficticio de un testimonio real) tiene 69 años, está divorciada y tiene un hijo de 42 años . Hace una década le hizo una confesión: «cuando yo fallezca, la mitad de mis bienes los voy a dejar a Médicos sin Fronteras ». Él la miró y le dijo: «Es tu decisión». Esta mujer confiesa a ABC que aunque muchos lo puedan pensar, «no estoy loca». Considera que su hijo tiene una buena posición, un empleo, y no necesita mucho más para disfrutar de una buena vida. «Soy socia de esta organización humanitaria desde hace 15 años y desde el primer momento lo tuve claro. Siempre que hay una catástrofe, allí están los voluntarios jugándose la vida por personas que se quedan en la miseria , sin nada. Además, cuando me divorcié, agarré una mochila y viajé más de 3.000 km. caminando por todo el mundo. Ver otras realidades, tanta necesidad, te coloca en tu sitio y te hace ver lo bien que vivimos». Noticias Relacionadas estandar No Los 6 tipos de gastos que impiden ahorrar a las familias ABC estandar No El rasgo que debes inculcar a tus hijos para que tengan éxito y que «la mayoría de la gente» no tiene A.M. Tanto es así que ella misma confiesa que «en el caso de que, Dios no lo quiera, mi hijo falleciera antes que yo, todo mi testamento iría a Médicos Sin Fronteras. Él lo sabe y también lo acepta ». Miren no busca medallas, tampoco protagonismo. «Prefiero que nadie sepa quién soy. No me gusta dar explicaciones de mis decisiones porque son mías y las creo justas. Solo lo saben personas muy cercanas. Siempre me ha gustado ayudar a los demás. Soy muy activa y colaboro con mi tiempo acompañando a drogadictos en su recuperación, a enseñar español a inmigrantes, a dar tiempo a personas con Síndrome de Down…« MÁS INFORMACIÓN noticia No ¿Puede el móvil acabar con la comunicación familiar? noticia No ¿Qué es la betaespera que genera tanta ansiedad en las parejas? noticia No «La familia es el lugar donde me quieren tal como soy» noticia No «Si no fuera por mis hijos ya me habría separado»: ¿Qué hay de bueno o malo en esta afirmación? En su círculo social, e incluso en su propia familia, hay quien se lleva las manos a la cabeza «cuando me ve con drogadictos, no entienden todo lo que necesitan. No pueden imaginarse lo respetuosos y agradecidos que son los jóvenes marroquíes a los que enseño nuestro idioma… me dan mucho cariño. Es fabuloso. Al final recibo mucho más de lo que doy. Es una gran satisfacción ayudarles con mi tiempo en vida. Por eso, cuando muera, quiero seguir aportando, a partir de ese momento con dinero. Ayudar a los demás es mi lema, me emociona, me hace sentir plena y me carga las pilas a tope».