La oferta pública de empleo planteada de improviso por el Gobierno en plena campaña electoral es, como adelantó ABC, uno de los ejemplos más elocuentes de electoralismo a la desesperada. El total de plazas asciende a unas 40.000, y nunca antes en la historia reciente se produjo una convocatoria igual, que además ha sido aprobada por decreto, como tiene por costumbre el Ejecutivo. Muchas de esas plazas garantizan a las ingentes bolsas de interinos de la Administración un empleo de por vida. Una cosa es que el Estado necesite unos lógicos relevos para no perder eficacia en el servicio público, y otra distinta es que esto se produzca cuando el Gobierno está pidiendo el voto desde la misma mesa del Consejo de Ministros, como vino a hacer ayer Yolanda Díaz, recuperada por cierto para las ruedas de prensa del Gobierno después de muchas semanas con los ministros de Podemos relegados. La hipoteca de este enorme gasto público queda ya para el nuevo Gobierno que salga de las urnas.