Morados, con forma de flor y de lo más dulces: es extraño que alguien no conozca los clásicos caramelos violetas que tienen más de cien años de historia. El espacio de La Violeta, situado en el corazón de Madrid, es uno de los más icónicos de la capital. Al igual que en el caso de Lhardy , por la pastelería han pasado grandes figuras, literatos y personas de la realeza tales como la reina Victoria Eugenia o el Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente. Pero los caramelos violetas no siempre han sido los protagonistas del establecimiento. En 1915 años, La Violeta aún no se llamaba así, sino El Postre, donde Mariano Gil y Pilar Temiño ofrecían bombones, fruta escarchada, marron glacé y caramelos. Noticia Relacionada estandar Si Tomates: olerlos para comprar los mejores no sirve de nada Adrián Delgado Desde que la industria entró en la agricultura, la calidad dejó paso a la productividad, diluyendo el gusto ancestral de la hortaliza. Aquí algunas de las mejores variedades de España, su historia y apuntes científicos Así, ellos mismos fueron los que, entre los años 20 y 30 , decidieron crear el caramelo a partir de una de las flores más características de la capital. Hoy, más de cien años más tarde, sus nietas regentan el establecimiento y mantienen la tradición , siendo este casi el único lugar en el que poder adquirir el dulce. Una historia de familia Teresa de Prado , una de las actuales gerentes del espacio y nieta de sus fundadores, habla con cariño de toda la historia que hay detrás de La Violeta, sus caramelos y cada uno de sus dulces. «Mi hermana, mi prima y yo hemos aprendido el negocio desde niñas », explica la profesional. «De pequeñas, acompañábamos a mi madre y a mi tía al establecimiento y bajábamos al pequeño almacén», señala. Años después, ellas son la tercera generación encargada de que la tradición y estos dulces tan codiciados perduren. A pesar de la fama con la que cuentan actualmente, lo cierto es que no siempre fue un caramelo muy valorado. Los inicios, como en la mayor parte de los casos, fueron complicados, algo sobre lo que trabajó día a día Pilar Temiño en el establecimiento. Con un pequeño recipiente en el mostrador, ofrecía a cada cliente 'una violetita' , tal y como explica su nieta hoy en día. Así, la peculiaridad del dulce y el boca a boca hicieron el resto. Hoy en día, La Violeta vende 360 kilos de estos caramelos a la semana. Además de sus clásicos caramelos, el espacio cuenta con chocolate con aroma a violeta, distintos surtidos y productos La Violeta Elaborados a las afueras de la capital , son pocos los que saben la auténtica receta de las violetas, todo con un motivo: protegerlas . Grandes tiendas y almacenes han querido distribuirlas, pero todas sus ofertas han sido denegadas. «Las violetas auténticas tan solo se pueden adquirir en La Violeta y en algunas tiendas muy específicas», señala De Prado. Aunque son muchas las imitaciones que han surgido, la peculiaridad de la creación de Mariano Gil y Pilar Temiño es imposible de igualar, algo sobre lo que también habla Teresa de Prado. «Lo que las diferencia es un punto ácido que tiene la violeta, no es un caramelo totalmente dulce», explica. «Es lo que hace que a la gente le guste más», concluye. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Begoña Rodrigo, ante los chefs jóvenes que quieren conseguir ya su estrella: «Michelin tardó once años en visitar La Salita» noticia No Katz: el templo del pastrami en Madrid Finalmente, y además del cuidado de la tradición , el equipo no ha dejado de innovar y de crear nuevas propuestas, siempre teniendo en cuenta la línea de La Violeta. El chocolate negro con aroma a esta misma flor es otro de sus productos estrella, además de distintos surtidos de caramelos y otras formas de presentación, como las mismas violetas en formato de caramelo blando.