Teresa Ribera ha tildado ahora de locos a los dirigentes de la Junta. Locos... ésa es su última aportación después de llamar al presidente señorito, acosador, y de calificar a Andalucía de esquinita de España. Según la vieja clasificación de Ortega, la vicepresidenta ha asumido el papel de jabalí, embistiendo con el colmillo retorcido. Se puede convenir que la urbanización es inadecuada, otro enredo inoportuno en campaña, y a la vez constatar cómo la ministra, desde el conflicto de Doñana, ha falseado reiteradamente cada mensaje, ha manipulado y retorcido los hechos, y siempre con mala fe. Hay que reconocerle, eso sí, que es fiel a sus principios. Ni una declaración sin mala fe. Ni por error, oye. No es verdad que el Gobierno andaluz haya autorizado la construcción; solo una declaración de impacto ambiental, técnica, con los informes favorables. Las competencias de la autorización ahora no están en la Junta sino en la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG). O sea, su propio Gobierno. El Ejecutivo de Juanma Moreno no ha promovido este proyecto. Fue impulsado con el PSOE en el Gobierno andaluz. Se remonta a 2011. En el Ayuntamiento de Trebujena hay 7 concejales de Izquierda Unido y 6 del PSOE. Ni un solo representante del PP, y tampoco en la corporación anterior, ni en la anterior...perdón, ahí sí hubo uno, pero tampoco en la anterior... El proyecto no está en Doñana. Esa invocación es un truco fácil para excitar el imaginario de la destrucción de Doñana que tan bien ha exprimido, a falta de que Sánchez se acerque en el Falcon a fotografiarse allí. Lo de «megaresort de lujo con golf», con tono demagógico, trata de empeorar la conclusión: ¡cargarse Doñana y además para que los ricos se diviertan con sus palitos! En la izquierda hablan del golf no ya desde el desconocimiento, sino desde un revanchismo anacrónico. En fin, otra vez un relato falso. Se ve que Ribera le ha cogido el gusto a estos discursos faltones, oportunistas, groseros y desde luego sectarios. Tal vez esto le permita desquitarse de los debates sumisos que le vienen de Esquerra o Bildu, o del Grupo Esquerra-Bildu en el Senado, como este martes. Parece que los sapos que ahí se traga, luego los escupe aquí. Lo dicho: lo de la ministra es ignorancia o mala fe, aunque no es descartable una mala combinación de ambas. Eso sí, de momento Teresa Ribera, a quien el portavoz del Gobierno andaluz ha calificado generosamente de hooligan, como si lo de ella fuese fanatismo sin más, continuará siendo ministra seis meses más en el Gobierno que durante dos años se desentendió del proyecto de Trebujena, sin responder a los requerimientos que hasta en tres ocasiones hizo la Junta entre 2020 y 2022 para que informara acerca de éste. Que Teresa Ribera siga ahí, con seis meses por delante para hacer méritos ante el jefe, nos garantiza que disfrutaremos de días de gloria.