En el mundillo del rock español siempre se ha dicho que todo lo que José Carlos Molina tiene de genio musical, lo tiene de ingobernable. Y también, ay, de tipo de trato complicado. Que por su banda Ñu hayan pasado nada menos que setenta músicos diferentes podría parecer prueba irrefutable de su mal café, pero cuando uno charla con este icono del género se encuentra a una persona empática y afable, con alguna salida de tono, sí, pero siempre enmarcada en una coherencia férrea. Él dirá lo que piensa caiga quien caiga. Su nuevo disco 'Yo estoy vivo' está en el número siete en las listas de ventas físicas. Estará contento dada la enorme competencia de hoy en día. Si te digo la verdad no sé si está bien o no, no sé cómo va el tema. Me alegro, a ver si me hago rico (risas). Ya que ha pasado tanto tiempo sin sacar disco, ¿tocará muchas del nuevo este viernes en el Teatro Barceló ( 21h, 25 euros )? Como mucho tres o cuatro, porque los fans siempre quieren los clásicos. Además, como mis canciones son largas y ahora esto de los conciertos tiene unos horarios tan estrictos... Se han convertido en un colegio con su hora de entrada y salida, ya no te puedes quedar a jugar un poquito más en el patio. Noticia Relacionada estandar No El último concierto de Asfalto tras 50 años: «Nunca imaginé que terminaríamos arrastrándonos por escenarios que no nos hacían justicia» Nacho Serrano La mítica banda madrileña se despide de sus fans este sábado en La Riviera Es verdad. Antes, cuando acababa un concierto había más compadreo entre los artistas y los fans. Ahora te echan a la calle en cuando se encienden las luces. A mí ese tipo de cosas me cabrean mucho.Yo podría cagarme en todo y criticar sin parar todas estas tonterías del mundo en que vivimos ahora, pero entonces van a decir que ya está el macarra deslenguado de siempre. La realidad es que soy el único músico de la escena que protesta. Los demás se lo han tragado todo, pero bien tragado. El problema es que me he quedado sólo, y que la gente me odia porque cree que soy un borde. Sólo por protestar por cosas como esa y pedir justicia para los músicos en diferentes asuntos. Me ha pasado con compañías, con representantes, con promotores, con concejales... Pero no se me han gastado las pilas. Aun así, hay momentos en los que me aburro de pelear y prefiero usar esa energía para insistir con las chicas (risas). ¿El poder subversivo del rock ha desaparecido por completo? El problema es que ahora todos los grupos quieren ser únicos y súper especiales, quieren diferenciarse como sea de los demás musical y estéticamente, y la escena se ha fragmentado en multitud de microescenas que dicen ser de rock, pero que no quieren saber nada unas de otras. Por eso no hay apoyo entre las bandas, no hay sentimiento colectivo. Y por eso, a los conciertos de las bandas de esas escenas van cuarenta personas. Antes, el rock era un movimiento y todos íbamos a los conciertos de todos. Yo una noche podía ir a ver a Tequila , luego a Bloque y luego a Iceberg; y ellos venían a vernos a nosotros. Ahora, ni siquiera los compañeros de local de ensayo van a verse a los conciertos, cuando antes era algo casi sagrado. Es como la trampa de la diversidad en el rock. Esto lo han promovido cuatro idiotas de ciertas emisoras y revistas de música, a los que les interesa segmentar. Para mí son una mini-mafia que se ha cargado el asunto. MÁS INFORMACIÓN Leño: «Tocábamos mejor que los grupos de la Movida, pero ellos eran los que salían en la prensa» También es verdad que los precios de las entradas de conciertos ya no son como para ir a dos o tres por noche... Yo no pongo entradas caras. Un poco de unión en esto tampoco estaría mal, aunque me temo que la cosa está más perdida que nunca. Pero no se puede morir cuando ya estás muerto, yo seguiré siendo un fantasma que se irá apareciendo cuando le dé la gana.