Irene Montero. La princesa está triste, España está hecha una tea que serán cenizas mañana y a ella, a Irene, le preocupan los precios de los tampones y que el españolito que cena pan duro y chóped no opine de su heroica labor: «luz del Tampax y martillo del ForoCoches», hermana. Porque siendo 'carga pública', la ministra de Igualdad, la primera política que convirtió un ministerio en una guardería y en un chiquipark según el desarrollo del bambin@, Irene se ha quejado de que a la primera ministra de Finlandia (una belleza como de Bergman) le hayan hecho una serpiente de verano a razón de una fiesta. La finesa no es Laporta, y eso que se le agradece, y por eso rechina que venga Irene Montero no sólo a compadecerse de ella; también a compararse a una política que hace algo, se mueve, sale de fiesta y no se acuesta con el mohín torcido y media Academia benemérita de Valdemoro y parte de la de Baeza vigilándole el cortijo serrano. Irene Montero aparece cuando hace tiempo que le han comido la tostada. Pero sale; con sus irreductibles 'nannies' que pagan los españoles. Sale Montero en los papeles y le hacen caso tres, pero más por la estupidez proclamada, la prosodia asumida del vallecano vividor y radiofónico, que por las gansadas que nos cuela en el BOE cuando estamos a lo que hay que estar: contando muertos y trazando cortafuegos. Irene Montero se ha comparado con la primera ministra de Finlandia, a la que deseamos un Putin lejano, ventura para su país y que cuide al ponche y al guateque. Y es que Montero, si se le mete entre ceja y ceja, se homologa a Rosa Luxemburgo, Lady Di, Gandhi o Evita: todo depende. Después del 'sí es sí' del contagio masivo aquel 8-M (Madrid será la tumba del machismo),en esa nadería de ministerio bien ubicado en mi pueblo, Irene se saca a sí misma como Clemente a Julio Salinas. Al final y por milagro. De las axilas al puño, Irene Montero se nos va a ir por la puerta de chiqueros. Como los fantasmas esos que saluda Joe Biden que son un poco la metáfora de lo que dio Montero a una España canina.