¿Me perdonan si, en vez de repetirme en cualquiera de los tópicos políticos, el invierno de sabañones que nos espera, la última marrullería del Gobierno o si la guerra en Ucrania será la de los Treinta Años, me ocupo del fútbol, pero no de quién va a ganar la Liga, el Madrid o el Barça, sino de su destino final. A fin de cuentas, es el rey de los deportes, que arrastra multitudes y mueve miles de millones de dólares y euros, siendo el camino más directo, y a menudo único, para que los jóvenes del Tercer Mundo salgan de la miseria, hasta el punto de prever que no falta mucho para que todos los equipos de Primera estén formados por jugadores de color. Aunque no es de esa consideración político-racial de la que quería hablarles, sino de otra mucho más prosaica. Voy a exponérsela en una pregunta: ¿están los árbitros españoles interesados en que el fútbol clásico, nacido en Inglaterra y esparcido por todo el mundo, se convierta en el 'foot-ball' norteamericano? Porque a pesar de tener la misma raíz etimológica, 'foot' (pie), 'ball' (balón), esto es balompié, que era su nombre original en español, son deportes completamente distintos. Por lo pronto, al nuestro le llaman 'soccer'. El suyo se juega con todo el cuerpo, especialmente las manos, que abrazan el balón, oval, no esférico como el del clásico, contra el pecho como si fuese lo más precioso del mundo, para salir a toda leche hacia la línea de fondo contraria, que traspasada autoriza el disparo, ya con el pie hacia la meta, aunque por encima del travesaño, no debajo y sin portero. Mientras en el inglés, usar manos y brazos es peligrosísimo, ya que el encuentro con el balón es falta y si ocurre en el área cerca de la portería acarrea el penalti, disparo a 11 metros, que sólo los grandes guardametas detienen. Pero no es ése el mayor peligro que acecha al fútbol clásico sino la pérdida de su identidad. Se juega, como queda dicho, con los pies y la cabeza. El resto del cuerpo sólo puede usarse con la 'carga lateral', del hombro contra el jugador que lleva la pelota. En el 'football' norteamericano puede usarse todo el cuerpo, incluida la 'plancha', para detener al contrario en plena carrera, lo que da lugar a una pila de corpachones donde es difícil decir a quién pertenece cada brazo, pierna o cabeza. Para resumir: es más rugby europeo, que terminará siéndolo si los árbitros lo toleran, ya que el abrazo al contrario, sobre todo por la espalda, con aires eróticos incluso, prolifera. Como la zancadilla con pisotón para dejarse caer con el rival y pedir desde el suelo una ambulancia. Hay jugadores que son mejores actores que futbolistas. Lo sufren los buenos, que suelen acabar rodando por el césped. Pero lo sufre sobre todo el verdadero fútbol. ¿Hay remedio? Sí. Tarjeta roja al que repita este tipo de infracción. Ya verán ustedes cómo los defensas quebrantahuesos dejan de abrazar a su rivales, al menos aquí. Lo que hagan los norteamericano con el 'soccer' es asunto suyo.