Considerado el mejor jugador que ha dado Inglaterra desde Paul Gascoigne, Harry Kane afrontó la Eurocopa con máxima presión. No solo tenía la obligación de luchar por un título que su país no ostenta, sino además hacerlo en Wembley. Y lo debía hacer rodeado de una notable generación de jóvenes talentos entregados a la causa de Gareth Southgate, técnico poco intervencionista.
Inició fatal el torneo. Triste, desorientado, nada participativo, como ausente, quizá distraído por su futuro, cada día más alejado del Tottenham, el club de su vida, y próximo, parece, al City de Pep Guardiola. Hubo expertos, como el exjugador del Liverpool Jamie Carragher, en su crónica en ‘The Telegraph’, o el exinternacional irlandés Ronnie Whelan, que aconsejaron a Southgate no...
Ver Más