Un voto de confianza para la vacuna
Sin importar si nos toca la de Pfizer, la de CanSino o la de AstraZeneca, cuando llegue el turno de vacunarnos ahí estaremos la mayoría de los mexicanos. Aún con la conciencia de no estar frente a la cura mágica, pero sí ante un alivio a la dura carga que ha sido la pandemia.
Quizá la vacuna de Moderna sea relativamente mejor que la de Pfizer —o al menos más fácil de manejar—, o quizá la de CanSino sea aún mejor, aunque aún no lo sabemos pues no ha concluido su tercera fase, que se desarrolla en México, pero ni la OMS ni la Cofepris permitirán que se administre una vacuna no viable.
Emociona escuchar los primeros testimonios del personal de salud que ya la recibió, sus ganas de que baje la intensidad y el número de contagios. También la conciencia de saber que llegó a México gracias a un exitoso trabajo diplomático enfocado en ese objetivo.
Sin embargo, hay quienes ya decidieron no vacunarse, al menos no en la primera oleada. Otros de plano lo descartan, porque aunque parezca mentira cada vez se escuchan más testimonios de antivacunas, de quienes olvidan la solidaridad obligada de cuidarse a sí mismos mientras cuidan de los demás. Son los que sin importar la crisis salen de fiesta, hacen reuniones y olvidan que la epidemia cuesta vidas.
Ante la vacuna enfrentamos esa ambivalencia, una mayoría que confía y una minoría que duda a pesar del avance de los sistemas de vacunación en México, donde la cobertura contra la hepatitis, el sarampión, la rubéola, el neumococo y la poliomielitis, entre otras, han salvado miles de vidas y permitido que varias generaciones hayan estado protegidas.
La viruela se erradicó por completo en el mundo gracias a las vacunas y la polio está en vías de desaparecer, a pesar de los antivacunas.
Datos de la OMS indican que México ha logrado coberturas superiores a 90 por ciento en vacunación contra diversas enfermedades, es decir, hay la experiencia y la infraestructura para llevar a cabo una campaña nacional de vacunación contra el covid de manera confiable.
Campaña en donde la solidaridad social tiene que ser condición necesaria. Ante una pandemia como la que enfrentamos no cabe la salvación individual pues en el largo plazo nadie escapa del contagio o termina como acabó su vida el archimillonario Howard Hughes, solo y aislado, en un hotel de Acapulco, enfermo de su “hiperhigienismo” que le provocaba miedos irracionales al contacto humano.
A las voces que claman por pagar su propia vacuna e incluso exigen al gobierno mexicano que permita a la iniciativa privada comprar y distribuir la vacuna por su cuenta, hay que aclararles que esa posibilidad está fuera de toda discusión. De hecho, no hay vacunas a la venta en el mundo más que a las naciones. Por ahora ninguna empresa puede adquirirla, aunque vaya y toque a la puerta de todos los laboratorios que la están produciendo.
Cierto es que los países más poderosos acapararon los primeros lotes de vacunas para beneficio de su población, en perjuicio del resto del mundo, pero replicar en México ese esquema que solo prolonga la desigualdad es una ruta segura al fracaso. Mejor vacunémonos.
hector.zamarron@milenio.com
Twitter: @hzamarron
