Los mejores momentos de los treinta años de Sicab
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La ganadera recuerda que la feria ecuestre se planificó en lo que dura un verano. Llevaba algunos meses como presidenta de la asociación de criadores, un puesto al que accedió no por el deseo de dejar el sitio a una mujer, sino porque nadie se atrevió a dar un paso al frente, con la peste equina asolando las explotaciones y una línea roja que el Ministerio de Agricultura había trazado sobre el mapa de España, señalando a Andalucía y Extremadura como el foco de la epidemia. «Y ahí estábamos nosotros, que queríamos meter a más de cien caballos en Fibes, que estaba recién construido», comenta.
De la dehesa a los pabellones de Fibes
«Fue un cambio de conciencia acelerado, porque íbamos a pasar de la dehesa a los pabellones del Palacio de Congresos. En ese momento toda Sevilla estaba en obras para la Expo y nadie se atrevía a apostar por esto, ni en la región ni en el resto del país, porque mover caballos era carísimo y la prioridad eran las Olimpiadas de Barcelona, que ya incorporaba la hípica como deporte olímpico. Tuvimos a todo el mundo en contra, desde el Gobierno central a la Junta, hasta el punto de que el día llegamos con los camiones de arena para la pista y los boxes nos entregaron un telegrama del Ministerio que paralizaba todos los trabajos», explica. Con mucho esfuerzo se logró revocar aquel requerimiento, pero después llegó una llamada de las «más altas instancias», comenta la expresidenta de Ancce, que no quiere dar nombres. «El Gobierno se ofreció a correr con los gastos si lo cancelábamos todo, pero yo no estaba segura de que fuésemos a ver un duro y, sobre todo, sabía que si parábamos en ese momento nunca más se iba a celebrar». Y salió adelante.
El Sicab de 1989, que ni siquiera tenía nombre, nació como complemento de una feria agrícola de Asaja. La ganadera recuerda que «la gente iba a ver los tractores e inmediatamente acudía al pabellón donde estaban los caballos». «Era una atracción enorme, muy pocos los habían visto fuera del contexto de la Feria y el Rocío y llamaba mucho la atención».
El gran apoyo de la Casa Real
Ya al año siguiente se celebró con el nombre definitivo y con esa vocación internacional que siempre ha tenido. «Tuvimos mucha suerte, porque la Casa Real apoyó desde el principio. En especial el Rey Juan Carlos y, sobre todo, la Infanta Elena lo tuvieron clarísimo. Ella estuvo desde el primer momento cabalgando sobre la pista y saludando a mozos y jinetes. Su colaboración fue maravillosa y fundamental». Elena de Borbón fue también la que puso sobre Sicab el foco nacional anunciando su boda con Jaime de Marichalar en plena celebración. «Aquello fue una auténtica revolución y la que más lo sufrió fue Mar Correa, que llevó la comunicación», asegura. La periodista de ABC emitió más de doscientas acreditaciones de medios en un día.
Después llegaron los rostros conocidos, los actores de Hollywood y las grandes fiestas. Todos ellos vinieron de la mano de Tomás Terry, propietario del hierro El Bocao, que hizo la mayor labor de relaciones públicas para el certamen. «Al principio todo el que venía era por la afición al caballo, como Bo Dereck, que era una gran amazonas y estuvo en varias ediciones. Recuerdo que un año llegó acompañada de Daryl Hannah, que estaba en lo máximo de su carrera y que le encantaba todo el ambiente de las cuadras y la labor de los mozos», recuerda. También destaca la visita de Charlton Heston, «que llegó hasta el palco subido en un coche de caballos, una escena que no se veía desde Ben Hur».
El origen del espectáculo
Lo del espectáculo fue otra lucha. Martínez de Sola dice convencida que Sicab se lo debe al mayoral José Sureda, un mallorquín muy conocido en el mundo ecuestre. Su principal papel fue visitar finca por finca para ver qué se hacía en cada una de ellas que fuese digno de poner sobre la pista. Y de ahí salieron muchos números, además de algunas ideas locas como una carrera de galgos que levantaba el albero o un evento con cetrería, que volvía locos a los montadores cuando los halcones se subían a las vigas más altas de Fibes.
Otro momento estelar -recuerda- fue el paseo de enganches en la pista, que llegaban a concentrarse hasta cuatro de ellos al mismo tiempo y a toda velocidad. «Tenía su peligrosidad, pero también su punto», reconoce. En una de las ocasiones levantaron tanto polvo que llegó hasta el palco donde se encontraba la Infanta con el alcalde. «Nos pusimos todos perdidos, pero terminamos riéndonos».
Sicab es mucho más que los ganaderos
Para los profesionales de la cría del caballo fue también un punto de inflexión, porque muchos de ellos vivían aislados en las fincas y apenas habían salido de sus pueblos. «Trajimos a unos 300 mozos, que tuvimos que instalar en carpas, porque en esta zona no había hoteles ni pensiones para hospedarlos y tenían que estar cerca de sus yeguas. Las camas me las prestó el Ejército y los acomodamos lo mejor que pudimos«, asegura Martínez de Sola, que tuvo que lidiar hasta con el servicio de catering que los atendía. »Hasta ese punto todo era complicado, porque entonces nos estábamos preparando para la Expo y lo que se servían eran ensaladas, cócteles de marisco y rollitos de pollo o ternera, pero nuestros mozos no estaban acostumbrados a comer eso y, por supuesto, lo iban a empezar allí. Tuve que pelearme para que les sirvieran cocido, filete con patatas y flan, que era un menú mucho más apetecible para ellos«.
La frescura de aquellos años fue dejando paso a la profesionalización del tercer evento más importante que se celebra en Sevilla y que no ha faltado a la cita con la ciudad a pesar de la pandemia.
