ABC y el valor de la comunicación
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No faltan hoy los que, como entonces, tratan de acallar las voces de la crítica para evitar el control que ha de ejercer la prensa libre. Tampoco andamos escasos de intransigencia y de dogmatismo. Frente a la visceralidad y la superficialidad con que se activan unas corrientes de opinión a las que se priva de manera premeditada y espuria de la reflexión, el contraste y el sosiego intelectual, cabeceras como ABC anteponen la apertura y altura de miras, proponen el valor de la moderación y abren el necesario diálogo de la sociedad consigo misma, con el debido reposo y al margen de cualquier movimiento reactivo. El pensamiento único no es un invento actual, pero cuenta hoy con mecanismos -tecnológicos y culturales, en forma y en fondo- que lo hacen más lesivo para la sociedad. La noche de los Cavia, con la que ABC estrenó ayer su nueva sede, proyecta desde hace cien años el valor del conocimiento y del análisis, imprescindibles para ventilar y actualizar el catálogo de ideas que articula y permite madurar a la opinión pública. No renunciamos a nuestros principios -la defensa de la unidad de España, el orden constitucional y la monarquía parlamentaria, desde una mirada liberal-, pero tampoco a los valores del encuentro, el diálogo y el acuerdo que, dentro y fuera de las páginas de un periódico centenario, contribuyen a integrar y hacer avanzar a la sociedad.
