Un S.O.S por las monjas de clausura
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España es una potencia mundial en monasterios de clausura femenina. Pero desde hace una decena de años se vienen cerrando aproximadamente uno al mes. Asistimos a una especie de desaparición silenciosa de un órgano vital para la Iglesia. No se trata del patrimonio, un problema práctico de no menor envergadura. Hablamos de una forma cristiana de vida en esencia y ultimidad. Como diría Teresa de Jesús, se trata de hacer vida que «sólo Dios basta». Es posible que la mente moderna ni entienda que «sólo Dios basta», ni que la contemplación debe ser anterior a la acción. Lo propio de lo humano es precisamente esa contemplación para alcanzar las profundidades del sentido. Por cierto que Hannah Arendt no diría nada diferente de lo que acabo de afirmar.
Hay que reconocer que existen experiencias como Iesu Communio, algunos monasterios de Clarisas o de Carmelitas, por ejemplo, que rompen esta tendencia. ¿Por qué unas comunidades son florecientes y por qué otras están mortecinas? Quizá no tenga que ver con que cumplan mejor o peor determinado documento sino con la fidelidad al espíritu y a la letra fundacional, al carisma.
