«Tres sombreros de copa»: un diálogo entre creadores
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«Componer “Tres sombreros de copa” me ha llevado tres años de dedicación casi absoluta –explica Ricardo Llorca–, solamente interrrumpidos por las clases que imparto y por mi trabajo como compositor en residencia en diferentes instituciones norteamericanas». Fue precisamente una de ellas, la New York Opera Society, dirigida por Jennifer Cho, quien encargó a Llorca una ópera y le sugirió un título del teatro del absurdo;el compositor pensó entonces en la obra maestra de Mihura y la convirtió en zarzuela. Se estrenó hace dos años en el Teatro Sergio Cardoso de Sao Paulo, en Brasil.
Para José Luis Arellano, el director escénico de esta nueva producción de la obra, «Tres sombreros de copa» es especial; supuso su primer contacto, como actor, con el teatro –hizo de Buby, ennegrecido con corcho quemado, en una producción de aficionados–; y esta zarzuela le ha permitido «reconciliar se» con Miguel Mihura, un autor rechazado –absurdamente– por buena parte de la profesión, especialmente durante su juventud. «Me ha costado un poco más de veinte años reconciliarme con el dolor juvenil, con la sensación de haber perdido la magia y de haberme enredado en un mundo vulgar y ridículo».
Así, poder abordar a Mihura lo considera un sueño, y más de esta manera, cuando su texto se aúna con la música de Llorca, «en una apasionante conversación entre dos creadores a los que separan más de ochenta años entre una obra y otra. Y esa conversación tiene mucho que ver con nosotros, con lo que somos».
(Madrid. Teatro de la Zarzuela. 12, 13, 15, 16, 27, 28 y 29 de noviembre, a las 20 horas)
Dionisio y el acordeón
Dice Diego Martín-Etxebarría que siempre se acerca a la ópera contemporánea con cierto temor. Pero que cuando se enfrentó a la partitura de «Tres sombreros de copa» se encontró con que arrancaba con un solo de acordeón en Do Mayor. «Eso es muy valiente», asegura, y añade que la obra entera tiene lo que para él son las tres patas de la música:ritmo, melodía y armonía.
Llorca llevaba tiempo queriendo incluir un acordeón en una de sus obras, y ha encontrado en la historia de Dionisio el lugar adecuado. «La ironía, la diversión y también la amargura de Mihura son muy traducibles en música», asegura.
