Guerra de grafiteros en Arganzuela por un mural subvencionado
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El ataque, perfectamente orquestado, es solo el enésimo capítulo de la guerra abierta que algunos grafiteros mantienen contra los autores de este tipo de actuaciones subvencionadas, a los que catalogan de «vendidos».
El mural de Erb Mon fue ideado dentro del programa Mirador Arganzuela, puesto en marcha por la Junta del distrito y el espacio de producción e investigación sobre prácticas artísticas Intermedie (Matadero). Su ejecución llevó aparejada un importante desembolso económico para traer al artista y su equipo desde Valencia, amén del pago por su trabajo, la estancia y el material. «El coste del proyecto fue desorbitado», reconocía ayer a Ep la directora del centro, Belén Velasco, antes de asegurar que se trata de un artista profesional con mucha fama.
Hace una semana, la directora comunicó a la actual concejal de Arganzuela, Cayetana Hernández de la Riva (PP), la aparición de las pintadas. Descartada la vuelta de Erb Mon para rehacer el mural, la solución más viable, en palabras de Velasco, es «hacer un concurso participativo» y que sean «los grafiteros del distrito» los que arreglen la obra. Una solución que, a tenor de los acontecimientos, parece difícil que prospere. «Si pintan encima, supongo que no lo harán para dejar lo que estaba», se cuestiona Alejandro, al paso por la zona.
Esta semana, el delegado de Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante anunció que «endurecerá el régimen sancionador contra aquellos que ensucien el paisaje urbano».
