«Arrivederci», Camilleri
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Más que una curiosidad friqui por sus historias capitaneadas por el comisario Montalbano y toda la retahíla de tópicos que suele recubrir el mundo noir y sus manidas lecturas, me movía el interés por preguntarle a un intelectual sin pelos en la lengua por esa Italia en la que entonces reinaba Berlusconi. Don Corleone redivivo a los mandos de la nave. Camilleri tenía 85 años, y sí, había inventado al gran personaje de su vida y para gloria eterna, Montalbano, pero también era el erudito que edificaba un lenguaje con el peso de los siglos y de las tramas históricas de su Sicilia natal. En pocas palabras: un autor barroco, complicado y, en absoluto, superventas, como llegó a ser con ese policía primo hermano de Vázquez Montalbán.
«Me han traído ocho contratos coreanos para publicar allí a Montalbano. Que me perdonen: ¿pero qué le ven los coreanos?», me confesó. Socarrón. Incisivo, como el humo de uno de esos cigarrillos que encadenaba sin parar (conté más de diez en la hora de entrevista) y que se mete en los ojos hasta hacerte llorar. «Soy un empleado de la escritura». Así se definió y así lo recordaremos. Aún quedan muchos Camilleri por publicarse. No va a decepcionar a sus seguidores.
