DOMINGA.– Esta historia ocurre dentro de un microbús estacionado frente al panteón municipal de Tepoztlán. Ahí, descalzo, flaco, como si pesara menos que su violonchelo, Santiago toca “Scarborough Fair”, mientras una luz se cuela por el vidrio opaco y revela motas suspendidas en el aire. No hay partitura ni público, tampoco aplausos: le gusta tocar para los que están en la eternidad porque, cita a Shakespeare, “donde mueren las palabras, nace la música”.Este microbús, más que escenario, es una casa rodante. Читать дальше...