La falta de gobierno debilita a un Netanyahu cercado por la corrupción
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El «rey Bibi», tal y como le apodan en Israel, sufrió una «de las mayores derrotas de su carrera», según el diario Haaretz, al no ser capaz de conseguir el apoyo de Avigdor Lieberman para repetir la coalición de la legislatura anterior. Las diferencias entre los laicos ultranacionalistas de Israel Nuestra Casa y los ultraortodoxos de Judaísmo Unido de la Torá y Shas respecto a la ley que obliga a los religiosos a ir de forma obligatoria al servicio militar hicieron saltar por los aires el posible acuerdo y Bibi fue incapaz de contentar a todos sus ex aliados.
Un política irreconocible
Por un momento, Israel vio a un Netanyahu distinto al dirigente confiado y socarrón, capaz de eclipsar al resto de sus adversarios con una mirada, y se encontró ante un político «poco preparado, furioso y sin guión», tal y como lo vio el analista político de Haaretz, Anshel Pfeffer, autor de la recién publicada biografía «Bibi: The Turbulent Life and Times of Benjamin Netanyahu». El fracaso a la hora de formar su ejecutivo puede suponer «el principio del fin» para el primer ministro israelí, pues «ya no es tan poderoso como antes», señaló Abraham Diskin, profesor de Ciencias Políticas, antes de advertir que «es una personalidad muy fuerte, y no se rinde fácilmente. Va a pelear», según declaraciones recogidas por la la agencia AFP.
El «pequeño incidente» al que se refirió Netanyahu deja a Israel con un gobierno en funciones hasta, al menos, octubre, un mes que tiene marcado en rojo en su calendario judicial particular. En ese mes tiene una cita con el fiscal general, Avichai Mandelblit, que decidirá si lo inculpa o no. El primer ministro corre el riesgo de ser encausado por tres casos de corrupción y con esta nueva situación no tendrá un Gobierno formado a tiempo para pasar la legislación necesaria para garantizarse inmunidad, un proceso que ya intentó poner en marcha a mediados de mayo con un proyecto de ley que permitiría al Gobierno y al Parlamento eludir los dictados emitidos por el Tribunal Supremo.
Bibi o nadie
En apenas cuatro meses los israelíes deberán volver a elegir un parlamento, la primera vez en la historia del país que se produce una repetición electoral de este tipo por la incapacidad de sus políticos para alcanzar acuerdos. Una vez conocida la postura de Lieberman, Netanyahu podría haber optado por echarse un lado y permitir al presidente del país, Reuven Rivlin, pedir al líder de la oposición, Benny Gantz, de la coalición Azul y Blanco, formar gobierno. Pero el Likud ni se planteó esta opción y votó a favor de la disolución de la cámara para intentar conseguir aun más apoyos en septiembre. El primer ministro quiso transmitir a los suyos un mensaje optimista y repitió que «volveremos a ganar las elecciones» y arremetió contra su ex ministro de Defensa, Lieberman, a quien acusó de «ser de izquierdas» por haberse opuesto a darle el apoyo de sus cinco diputados.
El líder moldavo de Israel Nuestra Casa se defendió diciendo que «repetimos las elecciones por la negativa del Likud a aceptar nuestra propuesta. Es una completa rendición del Likud a los ultraortodoxos». El parlamento votó su disolución entre los gritos de «¡vengüenza, vergüenza!» de la oposición que criticó que «solo vamos a unos nuevos comicios porque Netanyahu quiere salvarse de la cárcel», según escribió en su página de Facebook el colíder de Azul y Blanco, Yair Lapid.
Arabia Saudí busca el apoyo árabe para frenar a Irán
Mikel Ayestaran | Jerusalén
Los problemas políticos internos han eclipsado por unos días a la amenaza de Irán en la agenda israelí. Este es el tema central de la cumbre internacional que arrancó en la ciudad santa de La Meca donde se dan cita líderes árabes y musulmanes. Arabia Saudí, la gran potencia suní de la región, trata de reunir el apoyo de vecinos y aliados en un momento marcado por el incremento de la tensión en el Golfo desde que se produjeron ataques contra petroleros y oleoductos. A esto hay que sumar el conflicto abierto en Yemen, donde los saudíes acusan a la república islámica de apoyar a los rebeldes hutíes, pertenecientes a la minoría chií del país.
El presidente egipcio Abdel Fatah al Sisi, el emir de Kuwait, el jeque Saba Al Ahmed Al Sabah, o el nuevo líder de la junta militar sudanesa, el general Abdel Fatah al Burhan, llegaron a lo largo de la jornada a un reino al que también tuvo acceso el jeque Abdulá bin Naser bin Jalifa al Thani, primer ministro de Catar. Se trata de la primera visita de un responsable catarí de ese rango desde la crisis que estalló en 2017 y muestra la relevancia que los saudíes le dan a la cumbre. Analistas de la región apuntan a que Catar podría jugar el papel de mediador con Teherán para intentar rebajar la tensión. Un rol para el que también se han ofrecido Irak y Omán.
El asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, declaró que es casi seguro que Irán estaba detrás del sabotaje de cuatro barcos, incluidos dos petroleros sauditas, frente a las costas de los Emiratos Árabes Unidos. Bolton no aportó pruebas sobre el caso y los iraníes rechazaron "con firmeza" las acusaciones, que consideraron "ridículas", según el portavoz de Relaciones Exteriores, Abbas Musavi.
