«Un matrimonio perfecto», inquietantes sonrisas
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Tras un suceso que al principio se le oculta al lector, Frank, Grace y sus dos hijos, la adolescente Audrey y el pequeño Simon, que como consecuencia de la misteriosa tragedia se ha quedado tuerto, deciden mudarse de Seattle a Boston y emprender la ruta hacia su nuevo hogar en una autocaravana, con la intención de convertir el trayecto en un viaje de placer que les devuelva la seguridad perdida. No será así. Por desgracia para esta familia ideal, Mara Miller se cruzará en su camino.
Sombras ocultas
¿Quién no ha dudado a veces a la hora de inclinarse hacia la víctima o el verdugo? Esta es la pregunta sobre la que descansa la mejor parte de «Un matrimonio perfecto», que se interroga acerca de la autenticidad de esa pátina demasiado brillante, que baña a veces la imagen de los demás, esa clase de perfección grotesca que retratan tan bien las inquietantes sonrisas de algunos de los mejores personajes de David Lynch y despierta nuestro recelo, porque todos sabemos que la felicidad absoluta no existe y que nadie se libra de albergar alguna sombra.
Con esta idea como hilo conductor y salvo por un pequeño desliz en el arranque del conflicto, que a muchos, incluso, les pasará desapercibido, la historia que construye Paul Pen funciona porque nos absorbe de inmediato y nos abstrae de la realidad, el objetivo fundamental de todo buen «best seller».
Por lo tanto, que nadie busque en estas páginas la calidad literaria de Dürrenmatt en «La promesa» o de Camus en «El extranjero», pero sí la agilidad del ya mencionado Mikel Santiago, de Juan Gómez-Jurado, María Oruña o Dolores Redondo; nombres capaces de mantenernos anclados durante horas en el sofá sin ninguna pantalla de por medio. Toda una proeza.
