Por «dondequiera que fui, la razón atropellé, la virtud escarnecí, a la justicia burlé y a las mujeres vendí», se jacta el Tenorio de Zorrilla. Es una recitación escrita a navajazos, una entrada triunfal y blasón chulesco . Si existe lo quijotesco, también la donjuanía, dos naturalezas tan antagónicas como atávicas. Están ahí, desde siempre, y rebrotan, como el alacrán de Esopo. Esta semana, durante la investidura fallida del líder popular Alberto Núñez Feijóo, pesó más la donjuanía de Zorrilla que la compasión cervantina... Читать дальше...