Ni Aznar ni Sánchez son golpistas, como tampoco lo fueron Puigdemont y Junqueras. Para un país que ha vivido lo que ha vivido, resulta especialmente obscena la utilización espuria de las palabras para violentar su significado. Temo sobre todas las cosas esa obsesión por deteriorar y ahormar el lenguaje, útil imprescindible de la sociedad humana, diferenciador último de la especie, y el pensamiento mágico que subyace, ese por el cual cambiar el lenguaje, el significado, la esencia semántica acabará... Читать дальше...