Alberto Núñez Feijóo recibió hace meses una llamada de teléfono que era en realidad un «testamento oral». Al otro lado de la línea le hablaba el primer presidente electo de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, para trasladarle una última voluntad, casi un mandato: a su muerte, debía celebrarse un funeral en la Catedral de Santiago, en su templo, en su ciudad, al final del Camino que vertebra Europa. Y así fue. Once días después de fallecer a los cien años de edad, el político recibió ayer un último réquiem por una vida de servicio a Galicia... Читать дальше...