Tragedia
De las tragedias que antes me enteraba que se sufrían en Nigeria, hoy las vivo en México. En mis comienzos como diarista, en los años 90, trabajé en la sección Internacional del diario tapatío Siglo 21. Por eso supe, y redacté, notas sobre terribles flamazos en gasoductos de Nigeria que dejaban cientos de muertos entre habitantes de poblados que tomaban gasolina de los ductos perforados.
Un recuento de estos casos se pueden encontrar en internet. En 1998 hubo más de 500 muertos en una población nigeriana, pues algo o alguien prendió fuego al combustible cuando prácticamente una comunidad entera se abastecía de gasolina. Pero no fueron los únicos casos. La revisión en Google arroja estallidos con cien, 150 o 200 muertos, todos en casos prácticamente iguales al ocurrido el viernes en Tlahuelilpan, Hidalgo, que lleva más de 80 difuntos.
Y antes, en 2010, 28 personas murieron en San Martín Texmelucan, Puebla, por un estallido similar al del fin de semana.
Lo curioso es que todos sabemos (o deberíamos de saber) que el combustible es bastante peligroso en su manejo. En las gasolineras no sólo se prohíbe fumar, sino que se impide el uso de teléfonos celulares para evitar cualquier posibilidad de un incendio de los gases del, precisamente, combustible.
Por eso me asombra la enorme despreocupación de cientos de pobladores de Tlahuelilpan que se surtían de gasolina de un chorro que más bien parecía fuente de agua de un espectáculo. Era inevitable que ocurriera una tragedia. ¿Lo desconocían los ahora heridos y fallecidos?
Yo recuerdo haber visitado hace unos 30 años una fuga de combustible en los alrededores de Tala. Fui para hacer una nota, y al llegar al descampado donde se había perforado el poliducto, bomberos y personal de Pemex me impidieron acercarme al lugar. Su argumento era que cualquier chispa provocaría un incendio y que la ropa con telas sintéticas eran una invitación a que el combustible estallara, pues la estática que generan es suficiente para ello. Así que me tuve que conformar con mirar de lejos las maniobras de reparación.
Valga este texto como vehículo para lanzar una pregunta: ¿cómo es que no han ocurrido más hechos similares en México?
twitter: @baezamanuel
