Jaime Rosales, tras la huella de la tragedia griega en «Petra»
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«Yo soy muy sufridor, no disfruto nada al hacer una película», termina por reconocer Jaime Rosales, que no permite que las actrices se acerquen a ver lo que han grabado. «Necesito un grado de tensión para llegar a la calidad. Si se está relajado, no se alcanza», dice como un acto de constricción.
En busca del público
Petra
Ese mundo propio tan claustrofóbico que se filtraba en sus anteriores películas se disipa en «Petra», donde entra la luz de la costa catalana. «La obsesión [de ser más accesible] viene de la necesidad de llegar a más público, porque los cineastas que me sirven de faro tienen muchos espectadores, y porque hay que hacer afición por el cine, interesar a la gente. Si nos contentamos con hacer obras, por muy cuidadas que estén, que generan un abandono de las salas, el medio morirá», desgrana, y la pregunta a esa reflexión viene sola. «¿Qué le diría el Jaime Rosales de hace veinte al de hoy si le escuchara decir eso?». «Las personas cambiamos, mutamos. Cuando empecé quería hacer películas clásicas de Hollywood, pero la vida me llevó a descubrir el cine moderno como quien descubre la Piedra Rosetta. Ahora me interesan ambos, y “Petra” hibrida la tradición del cine clásico con el cine moderno sin ser ortodoxa en ninguno de los dos», defiende sobre el filme.
Una maldad latente
Entre los personajes de Marisa Paredes y Bárbara Lennie se cuela un debutante, Joan Botey, que da forma a un villano terrenal inolvidable, un compendio de maldad absoluta bajo la piel de un artista cínico pero directo que controla todo lo que ocurre en la masía donde vive y crea. En la realidad, Joan Botey es el dueño de la finca donde Rosales filmó «Petra», y al que convenció para ponerse en la piel del tirano que vertebra esta tragedia griega de la que es mejor no dar pistas para que el espectador se sorprenda mientras avanzan los capítulos desordenados.
Desde ese hilo que Rosales dijo tirar en la escritura, el de una hija en busca de su padre, hasta todo lo que se cuela dentro y fuera de plano -desde la maternidad hasta el poder, el dinero o la maldad- «Petra» aspira a dar tantas alegrías a sus actores y director como tragedia vivieron en su concepción.
