El mejor resumen del Real Madrid-Manchester City del miércoles lo hizo Ruud Gullit ocho días antes, al confesar que a él ya no le gustaba el fútbol y que había dejado de verlo: «Vi el Arsenal-Chelsea, ¡qué partido de fútbol más horrible! Veo jugadores intentando crear saques de esquina, intentando crear saques de banda; veo recogepelotas listos para darles toallas a los jugadores. El fútbol se ha vuelto horrible. Estoy esperando a jugadores que vuelvan a enfrentarse a defensas. ¡Echo de menos la alegría! Ya no disfruto del fútbol. Todos con 'tareas' en el campo. ¿Dónde están los futbolistas que regatean? ¿Dónde están los futbolistas con pelotas? ¿Por qué todos pasan? ¡Pasan! ¡Pasan! ¡Pasan!»… Si hablamos de Champions , los futbolistas que regatean están en el Madrid: Vinicius, que nos salvó a base de regates la repesca con el Benfica de Mourinho. Y los futbolistas con pelotas también están en el Madrid: Valverde, que medio nos ha salvado a base de pelotas los octavos con el City de Guardiola. (¡Arbeloa poniendo su cono de gorro a Guardiola y a Mourinho!). Los piperos llevan toda la temporada queriendo vender a Vinicius y a Valverde porque, a su entender, que no es muy grande, Vinicius y Valverde se cargaron a Xabi Alonso y su proyecto de lo que Gullit llama «tareas para todos» y mucho pasar, pasar y pasar, como una corteza de torrezno en la boca de un viejo sin dientes. Valverde fue el elefante en la cacharrería de Guardiola, al que se le ha quedado cara de anticuario: ya es el entrenador que más veces ha palmado con el Madrid en Champions (media docena). La pitada de la noche en el Bernabéu fue para Guardiola cuando el speaker cantó su nombre al dar las alineaciones. ¿Por qué le pitan? Pues a Guardiola le pita el Bernabéu por la misma razón que todos los demás estadios pitan a Vinicius: porque le teme. Guardiola dirige el proyecto futbolístico más grande (económicamente) de Europa. Lo explicó Pochettino («el que viene en nombre del Señor») cuando lo largaron del PSG: «A mí, si pierdo, me echan, y a otros, si pierden, les fichan media docena de jugadores». ¡Haber estudiado! Guardiola se trajo estudiado al Madrid de Arbeloa , el de salmantino luto, y se proponía cloroformizarlo con su pasar, pasar, pasar, mas no contó con las pelotas de Valverde, el presunto Fletcher Christian del vestuario 'The Bounty' de Xabi 'Bligh'. ¿Que Xabi era un plasta del fútbol? Desde luego, tiene pinta de haber hecho de su vida un rondo de tuya-mía. Pero Valverde ha servido a Bielsa, que es un Xabi Alonso pasado por Ernesto Laclau, y está casado con Mina Bonino , que, según el propio Valverde confesó ante Valdano, le tiene en casa como Guardiola le tendría en el campo, loco con las correcciones. Guardiola ganó en el Bernabéu la posesión, que para él es como para Gramsci la hegemonía, pero perdió media eliminatoria por no controlar el factor Valverde, esta vez imprevisible en su juego como un Kopa, el genio de la imprevisibilidad, ahora que en Polonia están manufacturando un magno documental sobre la figura del Napoleón del Fútbol. Arbeloa nombró a Valverde el «Juanito del Siglo XXI» (y eso que Arbeloa no vio al mejor Juanito, que fue el del Burgos de Viteri), por su imprevisibilidad de juego… y de carácter. La única mosca en la sopa de la Gran Noche fue el penalti fallado por Vinicius y que no se atrevió a tirar Valverde, al que habría que obligar a tirarlos; lo único que tiene que hacer es ponerle a su pata de mula un vídeo de Neeskens. Valverde, el uruguayo que se graduó como madridista el día que derribó en el Manzanares a Morata, que se iba solo hacia el gol, había ganado en su noche, como capitán, el sorteo de campo; hizo un 'hat-trick' (único centrocampista del Madrid, con Pirri, que lo ha logrado en competición europea) en la portería de los No Goles (la portería de los Goles es la del Fondo Sur) y estaba obligado por la fortuna a tirar el penalti que era el último clavo en el ataúd del City, que no está muerto y podría, oh, tragedia, resucitar en el Etihad. Sería caer en octavos, es decir, regresar a los tiempos donde nos cogió Mourinho, cosa que por nada del mundo debe pasar.