El hallazgo de una mujer enterrada “como un hombre” hace 7.000 años revela identidades complejas en la Edad de Piedra
Un estudio arqueológico realizado en Hungría ha revelado que las sociedades de la Edad de Piedra tenían roles de género más flexibles y complejos de lo que se pensaba. La investigación, basada en el análisis de 125 esqueletos de varios cementerios neolíticos, ha identificado casos en los que las prácticas funerarias no seguían las normas habituales asociadas al sexo biológico.
En la mayoría de los enterramientos del yacimiento de Polgár–Csőszhalom, datado en torno al 4800 a. C., los hombres aparecían colocados sobre su lado derecho, acompañados de herramientas de piedra pulida, mientras que las mujeres solían ser enterradas sobre su lado izquierdo, adornadas con cinturones de cuentas de concha. Sin embargo, varios individuos no encajaban en este patrón.
El caso más llamativo es el de una mujer adulta mayor enterrada con elementos considerados tradicionalmente masculinos. Fue la única mujer hallada con herramientas de piedra pulida, un tipo de ajuar reservado casi exclusivamente a los hombres del asentamiento. Además, el análisis de sus huesos mostró marcas en los dedos de los pies asociadas a actividades realizadas de rodillas, un patrón que en este yacimiento se observa sobre todo en varones.
Para los investigadores del Centro Nacional Francés de Investigación Científica (CNRS), este hallazgo sugiere que la comunidad “toleraba excepciones” y que ya existía una diversidad de identidades y roles más allá de las categorías estrictas de género.
Un sistema social estructurado, pero no rígido
El estudio comparó dos cementerios. Polgár–Ferenci–hát, donde no se observaron diferencias claras entre sexos, y Polgár–Csőszhalom, donde sí existían normas funerarias marcadas. Aun así, incluso en este último, algunos individuos fueron enterrados con combinaciones de objetos y posiciones que no correspondían a su sexo biológico, según escribieron los investigadores en el American Journal of Biological Anthropology.
Los autores concluyen que la sociedad de Csőszhalom estaba organizada en torno a roles de género definidos, pero permitía variaciones individuales, lo que apunta a una mayor flexibilidad social de la que se atribuía a las comunidades neolíticas.
El equipo también detectó una frecuencia elevada de desgaste vertebral (espondilosis) en hombres y mujeres, un patrón que en humanos modernos suele asociarse a actividades físicas intensas como lanzamiento, remo o movimientos repetitivos. Esto sugiere que ambos sexos participaban en tareas exigentes, lo que refuerza la idea de que la división del trabajo no era estrictamente binaria.
Los investigadores señalan que la mayoría de sociedades humanas han tenido expectativas normativas basadas en el sexo biológico, pero este estudio demuestra que incluso en la prehistoria existía espacio para la diversidad de roles y comportamientos. El hallazgo abre nuevas vías para comprender cómo se construían las identidades en las primeras comunidades agrícolas de Europa.
