Oslo, 21 jul (dpa) - Los noruegos nunca olvidarán el 22 de julio de 2011: fue el día de mayor terror de su historia. La zona gubernamental de la capital Oslo fue primero escenario de un atentado con bomba que dejó ocho muertos. Y la muerte llegó después a la isla de Utoya.Durante casi una hora y media, el extremista de derechas Anders Behring Breivik estuvo disparando a su alrededor sin que nadie lo detuviera. Sólo en el edificio de la cafetería de la isla mató a 13 jóvenes en sólo unos minutos.Después empezó a disparar contra quienes huían y a buscar a quienes se habían refugiado en escondites. A una chica la bala le impactó en pleno grito, a otra cuando llamaba por teléfono a su padre en medio de la desesperación. Después, siguió recorriendo la isla, donde acabó con 69 vidas.Después de aquel viernes de hace cinco años, nada ha vuelto a ser lo que era en el país. En el pequeño país, todos conocían a alguien que trabajaba en la zona gubernamental de Oslo o que estaba en el campamento de verano de las Juventudes del Partido Laborista (AUF) en Utoya."Han pasado cinco años, pero sigue habiendo muchas heridas invisibles", asegura el líder de AUF, Mani Hussaini, a dpa.Los noruegos recordarán mañana a las 77 víctimas mortales que dejaron en total los atentados, por los que Breivik fue condenado a 21 años de prisión. Miles de personas se reunirán en Oslo, entre ellas la primera ministra Erna Solberg. Después se reunirán en Utoya familiares y amigos de las víctimas.Durante mucho tiempo, familiares, supervivientes y la AUF, a quien pertenece la isla, han debatido sobre qué hacer con la isla. En 2015. las juventudes laboristas volvieron a celebrar un campamento de verano en Utoya por primera vez.Y este año se inaugurará un centro en el que los jóvenes podrán informarse de lo que ocurrió entonces y debatir sobre extremismo o libertad de expresión, entre otros temas.El núcleo del centro es la cafetería en la que murieron 13 personas. Instintivamente, la AUF quiso derribar el edificio después de los atentados. "Creían que era lo único correcto", señala el curador Tor Einar Fagerland, también responsable de una muestra en la zona gubernamental de la capital.Pero sobre todo las familias de las víctimas se opusieron a los planes. Querían conservar el edificio al que estaban unidos recuerdos tan dolorosos.Ahora, partes de la antigua cafetería se ven en el nuevo edificio. Los visitantes pueden ver incluso los impactos de bala en las paredes, y las ventanas desde las que los jóvenes intentaron saltar para salvarse permanecen abiertas.El techo del nuevo centro está sostenido por 69 vigas de madera que simbolizan las víctimas. Y en torno al edificio hay casi 500 pilares, uno por cada superviviente.# Información