Olympiacos - Real Madrid: misión imposible... o no
El Real Madrid dominador de Europa en el siglo XX ha adquirido una regularidad extraordinaria en la élite continental también en el siglo XXI. Hoy, en Atenas, va a disputar la que será su octava final de la Euroliga desde 2013 con lo que supera las siete finales en catorce años que jugó el CSKA de Moscú también en la época contemporánea. El desafío de la Duodécima ante el Olympiacos será la cuarta final para los blancos en los últimos cinco años. Hasta ahora son 11 títulos en 21 finales, pero la del OAKA de toda la vida no puede ser más diferente a todo lo vivido.
Mario Hezonja, después de liquidar al Valencia Basket, la sensación de la temporada, apeló al "ADN del Real Madrid". Una reflexión muy de referente maduro en el vestuario. Ya era hora. Y es que el desafío llega con unos condicionantes muy marcados por las bajas en el juego interior del Real Madrid. A las ya conocidas ausencias de Tavares (cayó a los tres minutos de comenzar la eliminatoria ante el Hapoel) y Len (cayó ante el Río Breogán en un partido intrascendente de la Liga Endesa) se sumó la de Usman Garuba en el arranque del último cuarto de la semifinal. Cuando el canterano se desplomó en la zona de ataque y fue incapaz de levantarse sin ayuda porque no podía apoyar en el pie izquierdo, Llull, moviendo la cabeza en el banquillo, dijo: "No me lo puedo creer". El "plan A porque no hay plan B" de Scariolo para la Final Four se desmoronó. El equipo supo digerir la baja porque contaba con una renta de más de diez puntos y porque el trabajo en la zona, con y sin Garuba, fue sobresaliente. Ahora toca volver a reinventarse. "Hemos tenido que reinventarnos por completo. Nuestro equipo tiene un sentido claro y una identidad clara, construida semana tras semana, mes tras mes, que nos ha llevado a la temporada que hemos hecho. Ahora tenemos que inventarnos algo y buscar alguna idea diferente. Yo creo que no es el momento de los nombres propios. Razonaremos sobre lo que conviene al equipo hacer para intentar contrarrestar a nuestro gran oponente", reflexionó Scariolo.
Para el técnico italiano, la ausencia de Tavares fue digerible porque estaba Len. No se trataba de que el ucraniano reemplazase el papel de Edy porque eso es imposible -"no hay un jugador en el baloncesto FIBA que aporte lo que nos aporta Edy", dice con razón el entrenador-, pero sus centímetros y su presencia al menos sostenían la rotación. Para Scariolo, la lesión del ucraniano fue mucho más importante de lo que dicen sus números. Se quedó con Garuba y Lyles como argumentos interiores. Y en la semifinal llegó lo del canterano. Ante el Valencia el equipo hizo un trabajo sobresaliente en el rebote, especialmente en el ofensivo, y en cuidar la zona para evitar una de las principales armas del equipo de Pedro Martínez, precisamente el rebote ofensivo. Fue una labor colectiva que demostró el compromiso y la concentración al límite de todo el grupo. Pero claro, el juego interior del Valencia tiene bastante poco que ver con el arsenal interminable del que dispone Giorgios Bartzokas.
Al Olympiacos le ha sostenido durante buena parte de la temporada la pareja formada por Milutinov y Vezenkov. El serbio de 2,14 es el máximo reboteador de la competición y un pilar irremplazable en la zona griega. Sus 13 rebotes fueron una pesadilla para el Fenerbahçe. El búlgaro es el MVP de la competición como evidenció en el tercer cuarto ante los turcos. Pero es que hay más. Con la temporada empezada llegó Tyrique Jones, el pívot titular del Partizán. Menos centímetros, pero una intensidad desbordante. El cuarto elemento es Donta Hall, el año pasado en Vitoria y que en Atenas también es importante en la rotación. Además, Ward y Peters pueden también ayudar por dentro si Bartzokas lo requiere.
Y enfrente, el único interior sano es Trey Lyles. El estadounidense fue importante en la semifinal (17 puntos y 7 rebotes), pero es que ahora está obligado a multiplicar sus prestaciones en ambos lados de la pista. "Yo creo que responderemos", dice Scariolo. El compromiso y la concentración de los jugadores sanos es indiscutible. Ahora se trata de que esos dos factores, porque el deseo se da por descontado, tengan el peso suficiente en la final para que no se vean demasiado las carencias interiores y la innegable inferioridad en el rebote. En la semifinal esa fue una labor colectiva, ya que seis jugadores atraparon entre cuatro y ocho rechaces con Deck y Feliz como elementos destacados.
Al Madrid también le queda apelar al peso de la historia y a la innegable presión que tienen los griegos. En el Olympiacos existe la sensación de estar ante una oportunidad única. En la guarida del Panathinaikos, con más de 10.000 hinchas rojiblancos en la grada y con una condición de favorito que ha crecido por lo de Garuba, pero... los griegos no ganan el título desde que lo hicieron en 2013 en Londres precisamente ante el Madrid (100-88). En su última final, en 2023, cayeron, 79-78, precisamente ante el Madrid en Kaunas con la canasta de Llull.
"Hemos sido un equipo capaz de comprometerse con la preparación de los partidos, de trabajar en un plan de juego y de confiar en los planes. Ante nuestra inferioridad física necesitaremos anotar los tiros y yo creo que responderemos", dice Scariolo. Hay quien en la expedición del Madrid compara la situación con la que se vivió en la selección en el Eurobasket de 2022. Scariolo era el seleccionador y aquello acabó con un oro inesperado...
