Puerta Grande de Julio Norte y el catalán Mario Vilau, herido con cornada de dos trayectorias
El catalán Mario Vilau venía a presentarse ante la afición de Madrid y ya de paso a reivindicar el toreo de esa tierra, que siempre gusta y ya tiene mérito. Para decir «aquí estoy yo» se fue a la puerta de toriles y ahí el Fuente Ymbro se frenó. Después, el novillo hizo un intento de salto y puso la cara en lo alto de la cara del mozo de espadas. Ese momento te persigue de noche. ¡Qué susto! Comenzó Vilau de rodillas aun sabiendo que el toro racaneaba las arrancadas. No le importó. Ni eso. Ni las paradas a mitad de camino. Ni cuando el Fuente Ymbro se metía por dentro. Y así, poco a poco, fue ganando enteros: el corazón sobre la arena, el temple en las muñecas y en la zurda, por donde metió en vereda al toro. Tuvo mérito y verdad esa puesta en escena, y una estocada en la misma yema que le valió para pasear un trofeo.
A portagayola se fue de nuevo Vilau con el quinto. El novillo no quería ir al caballo, pero hicimos como que sí y nos eternizamos en la suerte de varas. Cortó en banderillas y lo mismo hizo en la muleta del novillero catalán, que tardó nada y menos en echárselo a los lomos y herirle. El Fuente Ymbro sacó complicaciones insalvables y a Vilau se le notaba en mal estado. Se tiró a matar para irse a a la enfermería por su propio pie. Vivió las dos caras en una misma tarde.
La del triunfo disfrutó Julio Norte que salió a hombros. Destartalado y sin remate fue el tercero, al que Julio, que también se presentaba en Madrid le puso más de lo que el novillo le entregó (irregular y reservón). Se alargó en las cercanías con circulares y remató con un bajonazo. Una estocada así ni se jalea ni se premia. Esto «era» Madrid, aunque está claro que si hay que levantar la mano que sea con un novillero, pero...
El sexto fue el novillo con más opciones, sobre todo en el primer tramo de la faena y ahí Julio Norte tuvo claridad de ideas para aportar temple y ligazón. Anduvo fino con el animal y sufrió una fea cogida cuando se puso al natural porque el astado por ahí era otra cosa. Cuando volvió el diestro requería dominio y aplomo y lo encontró. La espada hizo el resto.
Pedro Luis se las vio con un primero que no perdió el tiempo para derribar al caballo y arrolló a un peón en primera instancia y tras dos volantines ahí se quedó el animal. Ni transmisión ni casta. Lo intentó Pedro Luis, pero bastante improbable era el lucimiento.
Repetidor y de desigual ritmo fue el cuarto con el que el peruano quiso, pero no acabó de definir una estructura a la larga faena, y acabó pesando. Todo.
Enfermería y Puerta Grande. Los dos misterios para una misma tarde.
Ficha del festejo
Las Ventas (Madrid). Décima de feria. Novillos de Fuente Ymbro, desiguales y algunos terciados. El 1º, deslucido; 2º, deslucido y parándose; 3º, irregular y reservón; 4º, repetidor y desigual de ritmo; 5º, complicado; 6º, bueno aunque desarolla. Dos tercios de entrada.
Pedro Luis, de corinto y oro, estocada desprendida (silencio); cuatro pinchazos, dos avisos, descabello (silencio).
Mario Vilau, de espuma de mar y oro, buena estocada (oreja); herido y estocada (saludos).
Julio Norte, de gris perla y oro, estocada baja (oreja); estocada (oreja).
