Rory McIlroy, un avión privado y dos chaquetas verdes consecutivas
«Me sigue quedando bien», dijo Rory McIlroy al ponerse por segundo año consecutivo la chaqueta verde, la más prestigiosa en el universo del golf. «No puedo creer que haya tardado diecisiete años en conseguir una chaqueta verde y ahora tenga dos seguidas. Creo que toda mi perseverancia en este torneo a lo largo de los años ha empezado a dar frutos», añadía el número dos del mundo, que se ha repartido con el líder del circuito, Scottie Scheffler, los últimos cinco «majors». Precisamente, el número uno fue el que más cerca estuvo de forzar el desempate a McIlroy, que después de mucho tiempo ha sabido reinventarse para dar con todas las claves de Augusta.
«Quería volver aquí y demostrar que lo del año pasado no fue una casualidad», explicaba durante la entrega de premios en el Augusta National y después de unirse al selecto club de jugadores con dos triunfos consecutivos en el Masters, en el que ya estaban Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods.
McIlroy ha ido de más a menos durante el fin de semana. En los dos primeros recorridos acumuló una ventaja que parecía inalcanzable para el resto, pero durante el fin de semana vio cómo las cosas se le complicaban para terminar ganando por un único golpe de ventaja. Su victoria en este Masters 2026 no es una casualidad, es el resultado de un plan muy estudiado y que culminó en este último mes, en el que decidió no disputar ningún torneo y centrarse únicamente en preparar el primer grande de la temporada.
Poppy, su inspiración
Durante los últimos treinta días ha entrenado mucho en Augusta, utilizando un avión privado con el que iba y venía desde su residencia en Florida para jugar unos cuantos hoyos y volver a tiempo para estar con su hija y dormir en casa. Precisamente a ella, a Poppy, y a su esposa Erica, les dedicó su segunda chaqueta verde. «Tuve que convencerlas de que vinieran este año, porque pensaban que la razón por la que gané el año pasado fue que no estaban aquí. Me alegra de que se haya demostrado que eso no era verdad, así que pueden seguir viniendo todo el tiempo que quieran», bromeaba sobre la presencia de su familia en Augusta.
«Poppy es como una mini Erica. Es como vivir con dos, lo cual es genial la mayor parte del tiempo. Es una niña muy educada y respetuosa y me encanta que haya empezado a interesarse mucho más por el golf», explicaba sobre los comienzos de su hija en el deporte del que su padre es una estrella. McIlroy también tuvo unas palabras para su caddie, Harry Diamond, amigo suyo de la infancia, que le ha acompañado siempre y ha tenido que sufrir bastantes críticas cuando las cosas no salían y la gente le censuraba por no buscar un caddie más «profesional».
«No quiero ponerle una cifra, pero siento que esta victoria es solo una parte. No quiero decir que sea una parada en el camino, pero sí, es solo una parte del camino», anunciaba el vencedor, que a sus 36 años tiene todavía mucha hambre de títulos. Ya ha llegado a los seis «majors» en una carrera larga, en la que explotó siendo muy joven y en la que después estuvo once años sin sumar ningún título grande.
El año pasado en Augusta consiguió por fin el «gran slam», poniendo en su palmarés el trofeo que le faltaba y que ahora ya tiene por duplicado. En varias ruedas de prensa, el norirlandés ha reconocido que en un momento determinado se dio cuenta de que su punto de referencia tenía que ser Scottie Scheffler, el número uno; que debía imitar lo que estaba haciendo para ser el dominador del circuito. Ahora los dos están monopolizando los «majors» y parece que esta tendencia tiene muchas opciones de prolongarse en el tiempo.
