Eduardo "Yayo" Castañeda: “El Perú no es un país pobre, es un país mal gestionado”
¿Qué te animó a involucrarte en política?
Durante mucho tiempo estuve distanciado de la política. Como muchos jóvenes, decidí construir mi proyecto de vida desde lo profesional y lo personal, y en el camino me encontré con muchas trabas que todos enfrentamos. Ahí me di cuenta de que el problema no era individual, sino estructural: el sistema simplemente no estaba funcionando. Hoy en el Perú, el esfuerzo no siempre se traduce en oportunidades. Eso ha llevado a que miles de jóvenes tomen una decisión difícil: irse del país. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), más de 3,5 millones de peruanos viven en el exterior, y una proporción significativa corresponde a jóvenes en edad productiva. Además, estudios recientes de organismos como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) muestran que la migración peruana en los últimos años responde cada vez más a la búsqueda de oportunidades económicas y seguridad. No se van porque quieren, se van porque el país no les ofrece condiciones para quedarse. Frente a eso, entendí que la crítica no era suficiente. Me formé en distintos programas de liderazgo y formación política, donde confirmé que el cambio real no ocurre desde afuera, sino desde la institucionalidad. Por eso decidí involucrarme en la vida partidaria, buscando un espacio con filtros éticos claros y con personas que compartan la convicción de transformar el país.
- ¿Por qué postulas al Congreso?
Porque hoy el Congreso es parte central del problema, pero también puede ser parte de la solución. En los últimos años, se han aprobado normas que han debilitado la lucha contra el crimen organizado y han deteriorado la institucionalidad. Como economista me di cuenta de que esto no es solo un problema político, es también un problema económico: cuando el delito se vuelve rentable, la economía formal pierde. Las cifras lo confirman. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática, más del 25% de los hogares urbanos han sido víctimas de algún delito, y según reportes del Ministerio del Interior del Perú, los casos de extorsión han crecido de manera sostenida en los últimos años, afectando especialmente a pequeños negocios y transportistas. Hoy vemos algo que antes era impensable: emprendimientos que cierran no por falta de demanda, sino por miedo. El crimen organizado ha avanzado al punto de afectar actividades cotidianas, generando un entorno donde producir, invertir o simplemente trabajar se vuelve riesgoso. Considero que desde el Congreso se pueden cambiar las reglas del juego y dejar de hacer del Perú un país donde delinquir sea más rentable que trabajar.
- ¿Qué piensas de la situación del país?
Tenemos un país con enormes ventajas comparativas: recursos naturales, riqueza cultural, diversidad y talento humano. Sin embargo, seguimos estancados por un problema central: mala gestión pública. El Estado peruano, en muchos casos, actúa como un Estado extractivo, en el sentido planteado por Daron Acemoglu y James A. Robinson: en lugar de generar condiciones para que las personas prosperen, termina limitando su desarrollo. Esto se traduce en un país donde crecer es difícil y donde la inseguridad avanza. Basta mirar la región: países como Ecuador han visto un incremento dramático en la violencia vinculada al crimen organizado en los últimos años, con tasas de homicidio que se han multiplicado rápidamente según organismos internacionales. Ese es el camino que debemos evitar. A pesar de todo, creo que estamos a tiempo. Pero eso implica asumir responsabilidad ahora. Si no corregimos el rumbo, el costo social y económico será cada vez mayor.
- ¿Cómo ves la actuación del actual Congreso?
El actual Congreso ha contribuido significativamente a debilitar la confianza ciudadana. No solo por las leyes aprobadas, sino por la percepción de que muchos de sus integrantes han priorizado intereses particulares sobre el bien común. Cuando el Congreso pierde legitimidad, el impacto no es solo político: afecta la inversión, la estabilidad y la capacidad del Estado para implementar políticas públicas efectivas. La confianza es un activo económico. Y hoy está seriamente deteriorado. La desconfianza y la inseguridad son costos fuertes que todos nosotros terminamos pagando.
- De llegar al Congreso, ¿Qué harías desde la Cámara de Diputados?
Lo primero es cumplir el rol que muchos han olvidado: representar. La representación no es un trámite, es escuchar activamente a la ciudadanía y traducir esas demandas en políticas públicas concretas. En segundo lugar, ejercer una fiscalización real. No se puede permitir que desde el Ejecutivo o el propio Legislativo se sigan tomando decisiones que afecten al país sin un análisis riguroso. Toda norma debe pasar por un criterio básico: evaluación de costo-beneficio y sostenibilidad fiscal. Y en tercer lugar, legislar con propósito. No se trata de producir leyes en cantidad, sino en calidad: normas que ataquen los problemas estructurales del país, especialmente en seguridad y crecimiento económico.
- En tu candidatura, ¿Qué propones?
Mi propuesta parte de una idea central: combatir el crimen organizado desde su estructura económica. Hoy, delinquir sigue siendo rentable. Hay que cambiar eso. Seguridad: “Cerrar el caño” al crimen organizado, fortaleciendo la Unidad de Inteligencia Financiera del Perú y potenciando mecanismos como la extinción de dominio para quitarle los activos a las mafias. Por ejemplo, en el tema de inteligencia: creación de un equipo élite tipo “FBI peruano”, especializado en inteligencia y contrainteligencia, con línea de carrera y trabajo articulado con el Ministerio Público. Sobre reforma policial: depuración interna para retirar a efectivos vinculados a redes criminales. Esto nos lleva a control estructural, es decir mejorar la gestión penitenciaria, control de armas y uso de datos para intervenir en poblaciones vulnerables (jóvenes que no estudian ni trabajan). Mi enfoque no es reactivo, es estratégico. Actualmente curso una segunda maestría en inteligencia estratégica, lo que refuerza mi convicción de que la seguridad se gana con información, no solo con fuerza.
- Tú tienes un emprendimiento cultural. La cultura también tendrá un enfoque en el trabajo que podrías realizar en el parlamento.
Sí. Propongo una apuesta clara por el arte y la cultura como motor económico. Las industrias culturales representan cerca del 2% del PBI en América Latina, según el Banco Interamericano de Desarrollo, y tienen un enorme potencial en el Perú. Como artista y gestor cultural, he impulsado espacios para el desarrollo del arte independiente. Creo firmemente que la cultura no solo genera empleo y turismo, sino que también cumple un rol clave en la prevención de la violencia y la reconstrucción del tejido social. El Perú no necesita más diagnósticos, necesita decisiones. No somos un país pobre. Somos un país con malas reglas de juego. Y eso, desde el Congreso, sí se puede cambiar.
