Los conservadores suecos prometen por primera vez a la ultraderecha entrar en el Gobierno si ganan las elecciones
A 164 días de que Suecia acude a las urnas, los conservadores del primer ministro, Ulf Kristersson, rompieron este miércoles el último paso para la normalización política del partido de ultraderecha Demócratas Suecos (SD).
Kristersson y Jimmie Åkesson, el líder del partido xenófobo desde 2005, comparecieron ante la prensa para anunciar que la formación de origen neonazi sometida durante quince años a un «cordón sanitario» por el resto de partidos entrará en el próximo Gobierno sueco si la derecha gana las elecciones del 13 de septiembre. A cambio, Åkesson, que ya en 2022 dio el «sorpasso» a los conservadores del Partido Moderado, reconoce a Kristersson como el candidato a primer ministro de la coalición de derechas aunque le vuelva a superar, como predicen las encuestas, en votos y escaños.
«Suecia necesita un Gobierno enérgico después de los comicios de otoño, un Gobierno que vaya en una dirección conjunta y que tenga un plan sobre cómo solucionar los problemas que todavía tiene Suecia. Hemos acordado arrancar la siguiente legislatura formando un Gobierno de mayoría sólido, si los electores nos dan su confianza», explicó el primer ministro conservador.
El acuerdo entre dos de los principales partidos de la derecha sueca prevé, en consecuencia, que la ultraderecha asuma carteras ministeriales importantes, entre ellas la de Inmigración, que podría recaer en el propio Åkesson. «Los Demócratas Suecos tendrán una gran influencia política e importantes cargos ministeriales, por lo que es natural que se trate de migración e integración», señaló Kristersson, que matizó que aún los cuatro partidos de centro derecha no han repartido los cargos de la próxima legislatura.
«Con el mensaje que enviamos hoy prometemos estabilidad con un Gobierno de mayoría si obtenemos 175 mandatos en el Parlamento. Lo importante para el SD es el contenido político, no los sombreros, ni las posiciones o los títulos», señaló, por su parte, el líder de los Demócratas Suecos. «Creo que ‘ministro de Migración Jimmie Åkesson’ suena genial, pero todavía no hemos llegado a ese punto», bromeó.
En las elecciones de 2022, el Partido Socialdemócrata fue el más votado con el 30,3% (107 escaños), seguido por SD con el 20,5% (73 diputados) y los conservadores, con el 19,1% (68 escaños). Estos dos últimos firmaron con el Partido Liberal y los cristiano demócratas el Acuerdo de Tidö, que, entre otras cosas, prevía congelar el número de solicitantes de asilo y endurecer la lucha contra las bandas y el crimen organizado. Ante las reticencias de los liberales, la ultraderecha quedó fuera del Gobierno, pero mantiene su influencia con su apoyo parlamentario. Una situación que Åkesson llevaba meses advirtiendo de que no volvería a tolera.
Kristersson aludió también a que las condiciones políticas han cambiado en el bloque de derecha tras la decisión «valiente» del Partido Liberal, cuya líder, Simona Mohamsson, anunció hace unas semanas un giro en su política aceptando gobernar con SD, una línea aprobada posteriormente en un polémico congreso. La colaboración con la ultraderecha ha dividido profundamente a loa liberales, que hasta las pasadas elecciones prefirieron apoyar al Gobierno socialdemócrata en minoría antes que llegar al poder con los votos de SD.
Con todo, la declaración conjunta de Kristersson y Åkesson no ha sentado nada bien entre los partidos menores. Los cristiano demócratas comparten el interés de que los cuatro partidos muestran unidad de cara a los votantes, pero ven precipitado que se hable de carteras cuando no se conoce la correlación de fuerzas de los cuatro partidos en el próximo Parlamento. Los sondeos, por ejemplo, no garantizan que los liberales superen el 4% necesario para entrar en el futuro «Riksdag».
«Faltan cinco meses para las elecciones. ¿Por qué deberíamos empezar a intercambiar divisas por cosas que no necesitamos resolver ahora?», expresó una fuente bien informada dentro de cristiano demócratas. Su líder y viceprimera ministra sueca, Ebba Busch, echaba en cara a Kristersson y Åkessson que «no pueden regalar cosas que no le pertenecen». Precisamente, bajo el liderazgo de Busch, este partido fue el primero en romper en 2019 el aislamiento político de los Demócratas Suecos y empezar a cooperar con el grupo de Åkesson en el Parlamento.
Los sondeos, sin embargo, conceden la mayoría al bloque de izquierdas gracias a la histórica hegemonía que mantiene el Partido Socialdemócrata de la ex primera ministra Magdalena Andersson. Desde la Segunda Guerra Mundial solo el Gobierno conservador elegido tras las elecciones de 1991 fracasó en su intento de lograr un segundo mandato en las urnas.
Del otracismo político a llave del Gobierno
Ajena durante décadas al auge de los partidos de extrema derecha en Europa, Suecia dejó de ser la excepción entre los países nórdicos cuando los xenófobos y euroescépticos Demócratas Suecos irrumpieron en el Parlamento en 2010. Desde entonces, no solo no han dejado de crecer hasta convertirse en la segunda fuerza política, sino que han hecho saltar por los aires la estabilidad del tradicional sistema de partidos. En apenas dos décadas, una formación con raíces neonazis ha pasado de estar sometida al «cordón sanitario» a ejercer una influencia clave como socio Gobierno tras 2022.
