Las tribulaciones electorales de Junqueras
Oriol Junqueras atraviesa su propio laberinto intentando no encontrarse con el minotauro. Estuvo a punto de encontrarlo hace un par de semanas. Salvador Illa le echó un pulso y Junqueras resistió.
El presidente catalán retiró los presupuestos porque no aprobarlos implicaba ir de cabeza a elecciones. Illa prefirió envainársela por el contexto internacional, que no es el más recomendable, y porque las predicciones electorales auguran un país ingobernable. La última encuesta del CEO apunta que no habría mayoría de izquierdas que sustentara al Ejecutivo.
Junqueras se apuntó una victoria, pero en realidad la procesión iba por dentro. Un adelanto electoral hubiera roto a Esquerra. El presidente de la formación no podía ser candidato porque está inhabilitado y debería designar uno. Esa mera designación reabriría las heridas entre las diferentes facciones y todo el mundo tendría presente que la última designación de Junqueras, Pere Aragonès, acabó con una relación de años y como el rosario de la aurora.
Ahora Junqueras ha anunciado que negociará los presupuestos «buscando nuevos espacios de soberanía». Se rompió la baraja porque Moncloa no cedió el IRPF, algo que «es una discusión ficticia de una cosa que es imposible».
Así se pronunció el que fuera consejero de Economía por Junts Jaume Giró. No se anduvo por las ramas: «Es un debate tacticista: la Agencia Tributaria de Cataluña no está preparada, ni de lejos. Tiene 900 empleados para gestionar 5.000 millones; la española solo en Cataluña tiene 4.000 empleados para 55.000 millones».
El exconsejero remató. No veía este traspaso ni para 2028: «Es imposible. El IRPF lo tramitan unos cuatro millones de catalanes. Y no es solo recaudarlo, sino también inspeccionar y tener un sistema informático robusto». Junqueras debe pensar igual o le habrán hecho ver que lo que dice Giró se ajusta a la realidad.
También piensa así la consejera Alicia Romero y el propio Illa, que trabajan para muscular la hoy por hoy raquítica Agencia catalana que, según Junqueras, en 2017 era toda una estructura de estado. Por eso, ahora negocia presupuestos, no dice una palabra del IRPF, pero surfea el oleaje con la «búsqueda de nuevos espacios de soberanía», sin concretarlos.
Sin embargo, el minotauro no deja de perseguir a Junqueras. Gabriel Rufián se encarga de ello molestando sobremanera a Junqueras que no quiere ni oír, ni hablar, de su frente amplio de izquierdas. Hasta ahora había sido condescendiente con Rufián. Se había limitado a decir que «Esquerra se iba a presentar como Esquerra».
Pero que Rufián comparta escenario con Irene Montero en Barcelona la próxima semana no ha gustado nada a Junqueras. Presentó esta semana un libro del diputado Francesc Marc Alvaro y disparó: «Fui a la cárcel por Cataluña, no para que Ada Colau sea diputada por ERC».
Muchos en Esquerra aplaudieron esas palabras porque Rufián es la reencarnación del mismo diablo. Estos mismos son los que quieren relevarlo como líder de ERC en el Congreso. ¿El problema? Es simple, Rufián tiene mejores perspectivas que cualquier otro candidato, su reemplazo podría dinamitar la diferencia con Junts, que también cae en las encuestas, y ERC perdería ese liderazgo en una próxima legislatura que se augura muy complicada.
Por si fuera poco, Rufián cuenta con Gerardo Pisarello y con Ada Colau en las filas de los Comunes que abogan por una candidatura única de la izquierda. No solo Montero aplaude la idea y acaricia fastidiar a sus antiguos socios a los que ganó en Cataluña en las últimas europeas. Pisarello y Colau aplauden la idea de Rufián porque es la única alternativa posible para ganar en Barcelona y desbancar a Jaume Collboni. Junqueras huye de este cáliz porque un acuerdo de este tipo sería tanto como enviar a galeras a Elisenda Alamany, candidata por Barcelona y secretaria general de los republicanos.
Junqueras, fiel a su estilo, rehúye los debates, pero todos llegan tarde o temprano. El 9 de abril el tándem Rufián-Montero le atragantará la cena. Seguro que en estas próximas horas estará muy atento a lo que suceda en la izquierda andaluza. Por Andalucía, siempre ha estado muy cariñosa con Gabriel Rufián y su valedor, Joan Tardà, ha sido invitado muchas veces para profetizar un futuro mejor con un frente amplio de izquierdas.
Esta será su primera piedra en el zapato, pero en 60 días deberá firmar o rechazar unos presupuestos. No parece que Illa esta vez vuelva a comerse un marrón y las elecciones podrían ser una realidad porque no servirán veleidades para escurrir el bulto. Si sigue así Junqueras puede ser cazado por el minotauro en medio de sus tribulaciones electorales.
