El Vaticano atribuye a El Greco un Cristo inédito
Ni en sótanos polvorientos ni en colecciones privadas de difícil acceso: el último hallazgo atribuido a El Greco ha estado durante décadas colgado, sin levantar sospechas, en dependencias vaticanas. Han tenido que pasar más de cincuenta años -y una restauración minuciosa- para que aflore lo que algunos ya califican como uno de los descubrimientos más singulares en torno al pintor cretense.
El anuncio lo han hecho los Museos Vaticanos, que han certificado la autenticidad de un pequeño "Cristo Redentor" (45 x 29 cm) cuya superficie había sido alterada por una mano anónima en la década de 1960. Aquel intento de “mejora”, más cercano al sacrilegio que a la conservación, ocultó durante años las capas originales de la obra.
El cuadro llegó al Vaticano como obsequio del intelectual español José Sánchez de Muniáin al papa Pablo VI en 1967. Desde entonces, permaneció expuesto sin que se sospechara su verdadera autoría. Ha sido ahora, gracias al trabajo del laboratorio de restauración, cuando han salido a la luz los rasgos inconfundibles del artista.
Los estudios técnicos -desde análisis de pigmentos hasta comparativas estilísticas- sitúan la obra entre 1590 y 1595, en plena madurez de El Greco, cuando su lenguaje pictórico ya dialogaba con las influencias de Tiziano y Miguel Ángel. Bajo la imagen visible, además, se han detectado bocetos previos, lo que refuerza el valor documental de la pieza.
La pintura se exhibe hasta junio en Castel Gandolfo, en una muestra dedicada al universo del pintor y vinculada a la conmemoración de San Francisco de Asís. Un recordatorio de que, a veces, las grandes obras no se descubren: simplemente se redescubren.
