"Edadismo laboral": cuando el mercado da la espalda a los mayores de 45 años
Discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas. Así define la Real Academia Española el término «edadismo», una palabra que desde 2022 forma parte del Diccionario de la lengua española. Sin embargo, en contra de lo que pueda pensarse, la existencia de este vocablo se remonta a mucho más atrás. Fue en 1969 cuando Robert N. Butler –médico, gerontólogo, psiquiatra y autor estadounidense– acuñó esta expresión para describir los prejuicios, estereotipos y discriminación que sufren las personas por su edad, equiparándolo con el racismo o el sexismo, y denunciando que esta nueva forma de discriminar parecía estar muy normalizada en la sociedad.
Butler acabó siendo el primer director del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, y en vistas de lo que ocurre actualmente, se puede afirmar que supo leer muy bien una realidad que, décadas después, sigue plenamente vigente: a pesar de los avances en derechos e igualdad, seguimos viviendo en una sociedad que continúa reproduciendo actitudes, discursos y prácticas que marginan a las personas por el simple hecho de cumplir años.
Desde hace varios años, el término «edadismo» aparece con frecuencia acompañado del calificativo «laboral» con el objetivo de nombrar una realidad cada vez más evidente en el ámbito profesional: a medida que avanza la edad se multiplican las dificultades para acceder al empleo, mantenerse en él o progresar dentro de una empresa. No obstante, este fenómeno no es unidireccional. Por un lado, las personas mayores son a menudo descartadas bajo estereotipos que las consideran menos adaptables o productivas; por otro, las personas jóvenes se enfrentan a barreras derivadas de su supuesta falta de experiencia. Así, el edadismo laboral pone de manifiesto cómo los prejuicios asociados a la edad siguen condicionando, en ambos extremos, las oportunidades dentro del mercado de trabajo.
A finales del año pasado, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) elaboró un informe sobre España que ponía el foco en el envejecimiento de la población; el impacto que esto tiene en las pensiones; y la necesidad de frenar las «prejubilaciones». Sin embargo, en este documento se reconocía la dificultad que presentan los perfiles seniors para mantenerse dentro del mercado, y se mencionaba la existencia de una «discriminación por edad» y de «estereotipos» que van en contra de gente con experiencia y capacitada para desarrollar una labor profesional. En el texto se señalaba a su vez que en la Península, los trabajadores de más edad abandonan el circuito laboral «relativamente pronto», y se enfrentan a períodos de desempleo «mucho más largos». Pero, ¿por qué ocurre esto?
La explicación de la OCDE pasa por la crisis financiera que comenzó en 2008, un momento en el que muchos seniors abandonaron el mercado para no incorporarse después: «La experiencia dejó un legado de erosión de las competencias, desánimo y oportunidades de reinserción laboral limitadas, especialmente para las personas con menor nivel educativo y que perdieron sus puestos de trabajo en sectores muy afectados, como la construcción». Pero el problema también afecta a trabajadores con un nivel formativo superior.
Desde Cruz Roja han querido poner en el punto de mira este problema y han elaborado un informe y una encuesta bajo el título «El Edadismo y Yo», con el fin de tener más información sobre «cómo la fecha de nacimiento se ha convertido en una barrera infranqueable para el talento, afectando tanto a la dignidad de las personas mayores como a las oportunidades de los más jóvenes», matizan desde la organización. Los resultados obtenidos son contundentes y «dibujan un escenario de urgencia».
De los 900 participantes de los Planes de Empleo de Cruz Roja, el 44% afirma haber sufrido discriminación por razón de edad, una situación que se produce mayoritariamente –en un 84% de los casos– durante los procesos de búsqueda de empleo, impidiendo el acceso al mercado antes siquiera de poder demostrar su valía profesional. En el caso de las personas mayores de 45 años, un 58% reporta haber sufrido edadismo.
Marta Albuerne, responsable de Programas de Empleo de esta ONG, cuenta en una entrevista para LA RAZÓN que «está constatado empíricamente que las personas que tienen más de 45 años tienen que optar al doble de ofertas de empleo para poder llegar a una entrevista», lo que ejemplifica que la discriminación comienza en los procesos de selección. Según la experiencia de Albuerne, muchas personas llegan a Cruz Roja pensando que lo que les ocurre es algo individual, «algo que te pasa a ti como individuo, que no llegas a una oferta o no te llaman porque el problema eres tú». Sin embargo, cuando conocen y se familiarizan con el término «edadismo», descubren que también hay una discriminación que les está afectando, «que es mucho más estructural y que, de alguna manera, somos susceptibles de sufrir todos, porque todos vamos a cumplir años».
Esta barrera también se refleja claramente en las estadísticas: según datos de Eurostat, en España más de la mitad de las personas desempleadas mayores de 50 años se encuentran en situación de paro de larga duración, lo que evidencia las dificultades reales para reincorporarse al mercado laboral a partir de esa edad. Si a este contexto se suma el aumento de la esperanza de vida y la consiguiente prolongación de la vida laboral, resulta aún más evidente que la presencia de las personas mayores en el mercado no solo es cada vez más significativa, sino también más imprescindible.
Marta Albuerne considera que tiene que haber una reflexión por parte de las empresas, «porque están perdiendo talento». Hablar de una persona de 45 años o más es hablar de alguien que «ha pasado por varios cambios tecnológicos, profundos y radicales, por varias crisis, y probablemente, por muchas vivencias que le han hecho aprender y enfrentarse a la vida para seguir avanzando».
Uno de los estereotipos negativos asociados a la edad es la falta de adaptación y las dificultades con el aprendizaje, algo que Albuerne se toma como una ironía: «¿Cómo que no vas a aprender? ¡Si llevas toda la vida haciéndolo!». En este sentido, reivindica a su vez la necesidad de promover la inclusión y la formación continua en las nuevas tecnologías para todos los empleados de una empresa, al margen de su edad.
Desde los Programas de Empleo de Cruz Roja trabajan de manera directa con las personas, y Albuerne incide en que es muy importante, a nivel psicológico, estar ahí «para que no decaigan y puedan acceder a un derecho tan básico como es el empleo». Según cuenta, en numerosas ocasiones, los discursos de las empresas calan en los aspirantes y estos acaban interiorizando lo que escuchan y creyendo que, efectivamente, ya no podrán aprender ni volver a entrar en la rueda del mercado laboral.
Patricia tiene 52 años, es argentina, profesora y llegó a España en 2024 junto a su familia. Ha participado en los Programas de Empleo de Cruz Roja, ha conseguido trabajo en un supermercado y ha sufrido el edadismo. En una conversación con LA RAZÓN, cuenta que fue a una entrevista y «disimuladamente me dijeron que buscaban a alguien más jovial». «Y yo soy muy jovial, te lo juro, tengo 52 años y cuatro hijos, la más pequeña de 10 años y el más grande de 26. Tengo que estar a la altura de las dos», añade. Su experiencia no ha sido algo aislado, y a lo largo de estos años en España ha visto cómo otras compañeras que hacían formaciones con ella «iban a muchas entrevistas para hacer prácticas y, si eran mayores, nunca las seleccionaban, siempre cogían a las más jóvenes». Esta maestra se daba cuenta de que los rechazos no eran por cuestión de cualidades o aptitudes, pues las preguntas que les hacían iban bien, la entrevista iba bien, «pero era claramente la edad», afirma.
Tras un par de experiencias similares a esta, Patricia no dudó en ponerle remedio. ¿Y qué estaba en su mano? Cambiar la fecha de nacimiento en el currículum. «Es horrible, pero lo hice. No había otra manera de, al menos, llegar a una entrevista. Y yo tenía que trabajar. Así que busqué todas las maneras posibles. Hay que ser hábil y estar fuerte emocionalmente, porque te afecta», reconoce. A ella le afectó, sobre todo las primeras veces, «porque sabes que vales, que sirves, que puedes hacer ese trabajo, y no te dan ni media oportunidad». Pero después aprendió que «se lo pierden ellos, y que la edad debería ser muchas cosas y no un límite, porque la experiencia vital que tienes no se emite en un currículum y puede ser útil». Las ofertas a las que se presentó tras modificar su año de nacimiento acabaron en entrevistas.
Tomar medidas a favor de la convivencia intergeneracional y abordar la situación de manera integral, incluyendo a instituciones y empresas, se antoja como algo necesario para conformar un mercado laboral más justo en el que la edad deje de ser un obstáculo y pase a ser un valor.
