Raphinha ha sido la última estrella que se ha lesionado en un amistoso disputado durante una fecha FIFA de selecciones. Unos parones que le cortan el rollo a los aficionados porque detienen las competiciones domésticas y que dejan en vilo a los clubs porque aumenta el riesgo de que sus cracks se lesionen. Durante más de una semana los seleccionados cambian de técnicos, de preparadores físicos, de médicos, de fisioterapeutas, de cocineros, de campo de entrenamiento y hasta de cama. Además, se ven sometidos al imperio de las federaciones, que tratan de exprimir el limón montando ‘bolos’ allá donde más les pagan. Sólo hay que ver a dónde tuvo que ir
Raphinha con Brasil: a Boston. Ahora el Barça se queda sin él cinco semanas y es posible que reciba de FIFA 145.000 euros como compensación. Parece una broma. ¿Qué precio tiene perderlo para cuartos y unas hipotéticas semifinales de la Champions?
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