Liderazgos débiles y pocas ideas: La Paz en transición
Las elecciones subnacionales del 22 de marzo dejaron en el departamento de La Paz un mapa político sin hegemonías, sin liderazgos consolidados y con más preguntas que respuestas. La gobernación va a segunda vuelta. Las alcaldías de La Paz y El Alto tienen ganadores que deberán gobernar frente a Concejos fragmentados y con una legitimidad construida sobre menos del 25% de los votos. El voto nulo ganó en muchas mesas. Tres analistas —la politóloga Ana Lucía Velasco, el sociólogo Pablo Mamani y el arquitecto e investigador social Guido Alejo— ayudan a leer lo que ocurrió y, sobre todo, lo que ese resultado evidencia sobre el estado del campo político paceño.
La gobernación paceña en disputa
Luis Revilla encabezó la primera vuelta de la gobernación con poco más del 20% de los votos- Una cifra que dice tanto sobre su victoria relativa como sobre la fragmentación del escenario. René Yahuasi, de Nueva Generación Patriótica, disputará la segunda vuelta el 19 de abril próximo. Para Pablo Mamani, el resultado tiene más capas de las que parecen a primera vista. «Hay bastantes preguntas sobre por qué Revilla. En El Alto hubo votación por Revilla, también en las provincias. Creo que estamos en un proceso de complejidad, en algunos casos de confusión y en otros de desorientación ante rostros conocidos y desconocidos”.
Guido Alejo pone el foco en el derrotero político detrás de Yahuasi, el otro finalista. «Viene de la estructura de Edgar Morales, que era de Democracia Directa, estructura en la que se apoyó, por ejemplo, Paz Pereira para ganar en La Paz. El detalle es que como Edgar Morales ya es viceministro de Trabajo, esa estructura se quedó sin liderazgo. Yahuasi aprovechó eso. Tiene buena estructura en varias provincias de La Paz y ha ganado también allí”, explica.
Debilidad estructural
Ana Lucía Velasco apunta al trasfondo más estructural. «La figura de la gobernación en La Paz es bastante débil. De hecho, comúnmente se escucha decir: ‘¿Cómo se llamaba el gobernador?’ Porque no se siente su gestión”. Para Velasco, esa debilidad no es circunstancial, sino que tiene raíces en el diseño institucional. «Tiene que ver más que con el gobernador como tal, con cómo se han diseñado los espacios autonómicos y cómo se han repartido tareas y obligaciones con las municipalidades”.
Lo que venga en abril tampoco promete estabilidad. Mamani advierte. «Si Revilla es el gobernador, su Asamblea Departamental tampoco tendrá mucha fuerza y va a depender de otros partidos. Si fuera Yahuasi, tiene poquísimos asambleístas y tendrá que negociar sí o sí con Revilla, lo cual será muy complicado por las diferencias de fondo entre ellos”.
La alcaldía de El Alto
El resultado en El Alto condensó todos los síntomas del momento político paceño. Eliser Roca ganó con menos del 20% de los votos, seguido de cerca por Gabriel Mamani, el tiktoker que logró construir una base de apoyo anti-gestión de Eva Copa. Más de dieciocho candidatos en la papeleta. Tres inhabilitados días antes de la elección, uno rehabilitado horas después. Y el voto nulo, primero en la tabla.
Para Guido Alejo, el problema de fondo es de representación: «Quienes aparecen como candidatos no reflejan realmente la potencialidad ni los liderazgos más sólidos que tiene la Ciudad de El Alto. Desde hace dos o tres elecciones se repiten dos ideas centrales: se quiere gente nueva y gente profesional. Gente nueva puede ser mayor o joven indistintamente; gente profesional implica una valoración del conocimiento. Esa demanda no se ha traducido en candidaturas adecuadas”.
Legislativos
Pablo Mamani señala que la debilidad del ganador ya se nota en el momento mismo de su victoria. «Eliser Roca, si bien es el ganador legal, no es un ganador con legitimidad sólida, algo que va a tener que construir. La gobernabilidad está en entredicho, y cuando se hacen acuerdos políticos para asegurar colaboración en el Concejo, eso puede torpedear la gestión. Menos de veinticuatro horas después de que se hicieran oficiales los resultados preliminares ya había dirigentes y ciudadanos hablando de revocatorio”.
Alejo va más allá y apunta a lo que considera el origen del problema. «Lo de El Alto es un agotamiento especialmente de los liderazgos, que viene acompañado de una deslegitimación de las instituciones que los generaban. Durante dos décadas, organizaciones sociales como la FEJUVE, la COR y otras eran quienes visibilizaban a los principales liderazgos de El Alto. Pero eso ha caído en descrédito por las divisiones que les ha ocasionado el MAS, la cooptación y la predisposición a hacer acuerdos con intereses más gremiales o de grupo que cívicos”.
La alcaldía de La Paz
César Dockweiler ganó la alcaldía de La Paz con una votación del 23,7% y enfrentará un Concejo Municipal en el que no tiene mayoría. Es, además, una novedad histórica: la ciudad de La Paz, que siempre se enorgulleció de no haber elegido a nadie ligado al MAS, tiene ahora un alcalde que proviene de esa cantera. Alguien que fue gerente de Mi Teleférico durante el gobierno de Evo Morales.
Ana Lucía Velasco lee esa paradoja con atención. «Lo que sí hay que reconocer es que a Dockweiler le ha pasado algo parecido a lo que se vio en el caso de Manuel “Mamén” Saavedra en Santa Cruz de la Sierra, aunque en menor medida: es alguien que lleva tiempo construyendo un proyecto. Se presentó a las elecciones anteriores, y en vez de tomar prestada una sigla, creó la suya propia, sus propios colores, y lleva varios años trabajando constantemente. Creo que por eso la gente le terminó dando el voto: era el único candidato que se veía más o menos serio y preparado, a pesar de la gran fragmentación del voto”.
Pablo Mamani pone el acento en las dificultades que se avecinan: «Es el mismo fenómeno que se repite. Su votación es bastante baja y va a tener muchos problemas de gobernabilidad en el Concejo Municipal porque tampoco tiene las mayorías. El siguiente alcalde estará muy apretado”. Y Velasco agrega una dimensión que va más allá de la aritmética legislativa. «Yo personalmente creo que se utiliza su pasado masista como una especie de indicador de calidad moral, no como una descripción política real. Pero la verdad es que hoy el MAS básicamente no existe en la política nacional. Ni aunque quisiera, Dockweiler podría articularse con él: no tendría con qué”.
El voto nulo
En varias mesas del departamento, el voto nulo superó a todos los candidatos. Sumado al blanco, roza el 30% en algunos municipios. Los tres analistas coinciden en que reducirlo a una simple protesta antisistémica sería quedarse corto. «Para empezar creo que sería muy útil tener más datos reales e investigaciones sobre el tema», advierte Velasco antes de proponer su propia lectura: «Creo que más que un voto de protesta —en el sentido de ‘estoy enojada con estas personas y no quiero que tengan el poder’— ha sido un voto de ‘no sé quiénes son, no sé qué está pasando’“.
Mamani matiza. «Una parte de los votos blancos y nulos son producto de equivocaciones o desconocimiento, pero otra es un voto consciente de desacuerdo con los partidos políticos y sus candidatos: unos anulan, otros simplemente escriben cualquier cosa en la papeleta”. Y añade una advertencia que va más allá del análisis electoral. «Este proceso de descontento con el sistema político en general no debería llamar a la sorpresa, porque puede desembocar en rupturas muy fuertes y en juegos por fuera del sistema electoral o democrático. Y ahí hay problemas serios”.
Alejo apunta a los factores institucionales: el cambio en el régimen electoral que introdujo votaciones separadas para asambleístas por territorio y por población generó confusión. «De repente ver en la papeleta una franja entera sin foto desconcierta a la gente, que no entiende por quién está votando. Eso genera automáticamente desconfianza», explica Velasco. Para los tres, el voto nulo habla menos de los candidatos que del procedimiento y de la fatiga acumulada tras un ciclo electoral que comenzó en diciembre de 2024 con las judiciales y todavía no termina.
La cuestión identitaria
Quizás el debate más rico de las tres entrevistas es el que rodea al agotamiento —o la redefinición— del discurso identitario en la política paceña y alteña. Durante dos décadas, la apelación a lo aymara, lo indígena, lo alteño fue el combustible de los grandes liderazgos de la región. Hoy ese combustible parece rendir menos. Velasco es prudente y señala que el diagnóstico hay que hacerlo con cuidado. «Lo que yo veo, al menos en El Alto, es que no siento que haya un cansancio de la identidad como tal, sino que simplemente ya no es suficiente. La gente se da cuenta cuando el discurso es superficial, cuando habla solo sobre identidad y no hay propuestas de fondo ni verdadera voluntad política de resolver problemas estructurales y reales”.
Pablo Mamani, que ha dedicado buena parte de su obra académica a estudiar precisamente esa política, prefiere hablar de redefinición antes que de agotamiento. «La relación entre identidad política, identidad cultural histórica y política local o regional en un momento electoral subnacional es bien complicada. Es difícil decir si hay efectivamente un cansancio; más bien parece que hubiera una redefinición de lo identitario político”. Como ejemplo, cita el fenómeno del senador Nilton Condori. “Es un fenómeno aquí en el departamento de La Paz y parte de Oruro: donde va le invitan a ampliados, talleres de formación, y es tremendamente cotizado porque se lo ve como una nueva radicalidad”.
Territorio
Guido Alejo realiza una lectura más territorializada: en El Alto, el discurso identitario nunca llegó a funcionar como clivaje electoral porque la homogeneidad aymara se da por descontada. «Se da por sentado que hay una ascendencia mayoritariamente aymara, pero no se lo dice explícitamente. El discurso indígena aquí no es algo que pueda mover masas en el sentido de antagonizar con lo no indígena, porque se da por aceptada cierta homogeneidad”. La excepción que confirma la regla fue el arquitecto Freddy Mamani, creador de la arquitectura neo-andina conocida como «cholets», quien sí construyó un discurso desde adentro de esa identidad: «Él sí generó un discurso identitario más desde adentro, desde la perspectiva de los pueblos indígenas aymaras, y tampoco tuvo una votación despreciable para ser un outsider”.
Lo que los tres analistas comparten, más allá de los matices, es que La Paz atraviesa una crisis de liderazgo profunda, sin figuras que articulen un proyecto regional, sin un debate público sobre qué produce y qué quiere ser el departamento. «No sé cuánto más habrá que tocar fondo para que despierte el liderazgo paceño», concluye Velasco.
La segunda vuelta del 19 de abril ordenará parcialmente el tablero, pero no resolverá el problema de fondo. Lo que estas elecciones dejaron al descubierto no es solo una fragmentación coyuntural, sino una dificultad más profunda para articular liderazgos, representar intereses y construir un horizonte común. Hasta que ese vacío no encuentre forma, la política paceña seguirá moviéndose entre la dispersión y la incertidumbre.
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