‘Lo vamos a demandar’: El problema legal que dio origen al nombre del mazapán De La Rosa
La versión original del mazapán De la Rosa hoy parecería irreconocible: el dulce estaba envuelto en un papel brillante de color dorado, sin ninguna flor impresa, y llevaba el nombre de ‘Conitas’.
Tendrías que destapar el mazapán —con mucho cuidado para no romperlo— y ‘pegarle’ un mordisco para dejar que el intenso sabor a cacahuate y su textura suave llenaran tu boca; así te darías cuenta de su identidad. Pero, ¿cómo es que adquirió su nombre actual?
La versión corta afirma que “el pueblo fue el que le puso el nombre”, tal como solía decir Jesús Michel González, la mente detrás del popular dulce; sin embargo, hay una historia más larga: todo cambió a raíz de una amenaza de demanda.
¿Cuál es la historia del mazapán De la Rosa? Así nació el dulce
La historia del mazapán —un dulce originario de España— comenzó con Jesús Michel González, un visionario de los negocios. Antes de dedicarse a la venta de dulces, fue propietario de una panadería, una bonetería y una zapatería.
“Chiquito, si tú quieres, pero él despachaba y vendía todo”, explicó Enrique Michel, hijo de Jesús y heredero de la empresa De la Rosa, en entrevista con el canal de YouTube de Pavo Gómez Orea.
Todos sus negocios estaban en San Marcos; sin embargo, decidió cambiar de residencia cuando nacieron sus hijos, ya que deseaba que accedieran a una mejor oferta educativa, por lo que se mudaron a Guadalajara.
Su llegada a la ciudad coincidió con que el cuñado de Jesús estaba por dejar su negocio como dulcero, lo que aprovechó. Michel le compró las máquinas para hacer pastillas de dulces perfumados.
La elaboración de estos fue solo el inicio: “Luego se puso a hacer malvaviscos (…) empezamos a crecer con dulces artesanales”, comentó Enrique Michel, quien explicó que desde pequeños sus padres los involucraron en el negocio.
“Nos educó a todos para producir (…) hacíamos el trabajo como juego, pero bien hechecito. Nos poníamos a envolver dulces y había una alegría tremenda”, compartió el empresario.
El negocio iba bien; sin embargo, Jesús Michel pensó que lo mejor era crear dulces atemporales, que se vendieran igual durante todo el año. Fue en ese momento cuando pensó en el mazapán.
“Se da la idea del mazapán en 1950, 1949. Hace una prueba como la de España, de almendra, pero era carísimo. Entonces cambió la almendra por cacahuate”, compartió Enrique.
Dado que Jesús tenía nociones de química, decidió hacer un cambio en la receta original: utilizar cacahuate tostado y sin piel. Así nació el mazapán que hoy conocemos.
¿Cómo se llamaba antes el mazapán De la Rosa?
El producto original llevaba por nombre ‘Conitas’ y tenía una envoltura sencilla: papel dorado metálico, sin ningún otro elemento. No obstante, una regulación gubernamental los obligó a modificar el empaque.
“El gobierno empezó a exigir que en la envoltura llevara la marca, el teléfono y el domicilio, y mi papá lo empezó a hacer”, comentó. Para este fin, cambió la etiqueta por una con tres fresas y el nombre de ‘Conitas’.
Sin saberlo, Jesús había creado un empaque muy similar a la de otra fábrica de dulces llamada El Cerezo, de la Ciudad de México, quienes también ofrecían mazapanes, por lo que solicitaron cambiar el logo.
“Ellos tenían tres cerecitas (en su etiqueta). Entonces mandan a los abogados: ‘oiga, don Jesús, pues mire, son tres fresas y estos son tres cerezas. Lo vamos a demandar’. Mi papá siempre era constructor, no destructor”, dijo Enrique en entrevista con el canal de YouTube de Rodrigo Moreno Trujillo.
Ante la posible demanda, accedieron a cambiar la etiqueta una vez que se terminara la producción existente, e inmediatamente Jesús comenzó a pensar en un nuevo logotipo para sus dulces.
“Cuando iba en el carro, después de ver a los abogados, escuchó un anuncio en la radio que decía: ‘Guadalajara: la ciudad de las rosas’, y eso se le grabó”, añadió el empresario. Fue así como la flor llegó al logo.
¿Por qué el mazapán De la Rosa cambió de nombre?
Aunque con un empaque diferente, el mazapán seguía llamándose ‘Conitas’; sin embargo, las personas lo identificaban por el logo que aparecía en la etiqueta, y así lo pedían al comprar.
“Cuando iba la gente a comprar mazapán, había cuatro, cinco o seis marcas en la vitrina. Si el señor (de la tienda) agarraba otra, decían: ‘no, no, el de la Rosa’”, comentó Enrique.
Dado que Jesús era un hombre visionario, vio en esto la oportunidad de cambiarle el nombre por el que ya todos lo conocían: “Mi papá se puso abusado y dijo: ‘de la Rosa’, pues ahora mi marca va a ser ‘De la Rosa’. El pueblo fue el que le puso el nombre”, comentó.
Este dulce ha pasado por muchos cambios, pero la receta sigue siendo la misma: “Solo la sabemos tres o cuatro hermanos o hijos, y se hace el sabor cada semana. No se lo dejamos a los trabajadores”, dice Enrique.
