Dictadores y dictadorzuelos de la historia de Costa Rica: Los periodos de autoritarismo de nuestro pasado
Costa Rica tiene menos de 80 años de gozar de democracia plena. Antes, la historia de nuestro país estuvo fuertemente ligada a dictadores y dictadorzuelos, que tomaron el control del país para sí e intentaron no soltarlo más.
Pero ¿qué es acaso una dictadura? Muy simple: una dictadura es un sistema de gobierno, usualmente de facto, donde el poder está centralizado en una figura, el dictador, sin cuya venia no procede ninguna decisión. En resumidas cuentas, es un monarca absoluto, con menos glamur.
Ahora, no hay que confundir un gobierno de facto con una dictadura. El primero habla de la forma en la que se llega al poder, el segundo en la que se ejerce. En nuestro país, don Francisco Aguilar Barquero es el ejemplo por excelencia del gobernante de facto, demócrata y estadista.
Braulio Carrillo Colina
Comencemos, entonces, con quien puede ser el dictador más importante de la historia patria: Braulio Carrillo Colina. ¡Sí! El mismo que protagoniza el billete de ¢1000 y que tiene un parque nacional a su nombre.
Don Braulio, llegando al poder después de una época de gran inestabilidad política —en lo que se conoce como “los años de la ambulancia”— asume el mando general del Estado de Costa Rica con un ejercicio abusivo del poder, pero con una visión estadista como pocos la han tenido en el ejercicio de la primera magistratura de la nación.
Así, su gobierno emitió la Ley de Bases y Garantías y el Código General, instrumentos que sirvieron de base fundamental para el desarrollo jurídico del país y que le valieron, junto a muchas obras más, el título de Arquitecto del Estado Costarricense. No obstante, sería en aquella donde cometería su peor error —que le costaría la presidencia y, posteriormente, su vida—: nombrarse Primer Jefe inamovible, de forma vitalicia.
De esta manera, rápidamente, su gobierno se convertiría en odioso para la ciudadanía costarricense —que nunca ha sido dada a gozar del yugo— y se buscaría una salida fácil en quien después se convertiría en uno de los pocos dictadorzuelos de nuestro país: Francisco Morazán.
Francisco Morazán Quesada
Al llegar al poder Morazán, debido a la traición de Vicente Villaseñor, este no tendría como objetivo el desarrollo del Estado sino, simple y sencillamente, buscaría reinstaurar su anhelada Federación Centroamericana para poder ser de nuevo su presidente.
Así las cosas, aunque sus primeros días (como ha sido usual con el advenimiento de un dictador en Costa Rica) fue vitoreado y apoyado, rápidamente ese apoyo desembocaría en odio, ante el intento de instrumentalizar a los costarricenses para recobrar con las armas el poder que le arrebató Carrera.
Los logros del gobierno de Morazán son sumamente limitados, tal cual como los del gobierno de Tinoco —al que trataremos más adelante—; y, del mismo modo que los de este último, si los hay, no son atribuibles ni por asomo al Jefe de Estado. De esta forma, que no se le atribuya el San Luis Gonzaga a Morazán, sino a su verdadero gestor: José Francisco Peralta.
Debido a sus falencias gubernamentales y a su ambición desmedida, que atentaba contra la paz interna de la nación, en marzo de 1842 iniciaría el movimiento revolucionario que culminaría con el fusilamiento de Morazán el 15 de septiembre del mismo año.
Posterior a la salida de Morazán, Costa Rica pasaría por un tiempo de gran inestabilidad política, pero sin mayor abuso o concentración de poder por parte de los gobernantes, por un periodo de 10 años.
Juan Rafael Mora Porras
Sería entonces en 1852 cuando, después de derrocar al doctor Castro dos años antes, Juan Rafael Mora Porras, nuestro héroe nacional, ve su poder bastante limitado por el Congreso debido a la “obstrucción” de algunos diputados, razón por la cual presenta su renuncia.
Esta es rechazada por el Congreso, dominado por sus partidarios, lo cual le da el fundamento necesario para legitimar ante la opinión pública el conocido como “Golpe de Estado de Frankfort”, cuando por decreto disuelve el Congreso y convoca a elecciones legislativas, asumiendo las facultades de este hasta su realización.
Este acto es justamente descrito como una “purga de la oposición”, pues, junto a la disolución del Congreso y el fortalecimiento de sus facultades, logra el destierro de sus principales opositores, lo que le permitió aglomerar su poder aun después de las elecciones legislativas, donde se constituyó un Congreso meramente oficialista, dócil y obediente al mandatario.
Con esta suma de factores, Mora tuvo la capacidad de hacer y deshacer durante su gobierno, sin mayores limitaciones. Así, en un ataque de vanidad, Guanacaste pasó a llamarse Moracia, en su honor, y se le atribuyeron títulos y medallas de sobra, de previo a la Campaña Nacional, donde hemos de reconocer su labor.
En su gobierno, además, se limitó en gran medida la participación democrática, estableciendo requerimientos inalcanzables para la mayoría de la población para acceder a los derechos políticos. Se estableció, por su parte, una política general de nepotismo gubernamental y lideró un proceso de centralización y personalización del poder.
Del mismo modo, su largo periodo de gobierno y sus intentos constantes de continuar al mando del Estado producen serias dudas sobre sus posibles intenciones de perpetuarse en el poder, de modo similar a como lo hizo Tomás Guardia.
Justamente estas decisiones, sumadas a rivalidades familiares y económicas, le costaron su presidencia y, posteriormente, ante el intento de recobrar el poder, su vida. Vemos en Mora la sombra de Carrillo: aun con grandes virtudes, las decisiones autoritarias terminan costándole el poder y la vida.
Tomás Guardia Gutiérrez
Al acabarse el segundo gobierno de don Jesús Jiménez, los militares insurrectos, de la mano de la oligarquía que los financiaba, contaban con que el general Tomás Guardia Gutiérrez, líder del golpe de Estado, devolviera el status quo a un sistema como el que se desarrolló en la época Blanco-Salazar. No obstante, no contaban con que don Tomás tendría otros planes.
Es así como Guardia pasaría a ser el dictador costarricense por excelencia, manteniendo su poder por casi una década, ya fuera directa o indirectamente, y trascendiendo su influencia más allá de la muerte. Porque sí: Guardia es el único dictador costarricense que logró mantener su poder de por vida, no significando esto que no hubiera intentos para derrocarlo.
Para salvaguardar su poder, don Tomás haría uso de distintas políticas de dominación y control que le permitirían mantenerlo: nombramientos, concesiones, cárcel, destierro… formaron parte del repertorio de tácticas de supervivencia de Guardia.
Los Tinoco
Al darse el golpe de Estado a don Alfredo González Flores, entra en el poder una pareja de hermanos, tan ambiciosos como muchos y tan corruptos como pocos, que se convertirían en los dictadorzuelos del país por 2 años. Federico y José Joaquín Tinoco han de ser recordados como la dupla gobernante más sanguinaria, corrupta e ineficaz que ha tenido la historia nacional.
A la fecha, no se ha descubierto fruto alguno positivo de este gobierno que haya logrado realizarse, y aquellos conatos de bondad que hubo (la Constitución del 17, Bancrédito) no son atribuibles en lo absoluto al régimen y, en el caso de la Constitución del 17, fueron poco más que un adorno, pues recordemos la famosa frase: “Tinoco juró guardar la constitución y, en efecto, la guardó”.
Y no olvidemos tampoco el patriotismo que distinguió a los hermanos cuando, con tal de obtener el reconocimiento de Estados Unidos, se ofreció la Isla del Coco a cambio de la legitimación internacional del régimen.
Por suerte, la cobardía ganó y, en 1919, después del asesinato de José Joaquín (aparentemente sin relación alguna con el régimen, más bien relacionado con un lío de faldas), “Pelico” (como se le decía a Federico) y su círculo cercano saldrían huyendo a París, dando paso al restablecimiento de la democracia en el país.
En conclusión, en Costa Rica hemos tenido gobiernos dictatoriales de sobra: algunos liderados por dictadores con visión de Estado y voluntad de servicio al país, y otros por dictadorzuelos que nada más buscaron servir sus intereses personales, aún en detrimento del pueblo costarricense y a costa de la vida de muchos compatriotas.
No obstante, a través de la historia si bien la alegría de los ganadores puede empujar a los ticos a celebrar su triunfo, la historia nos indica que, tarde o temprano, el costarricense rechaza el autoritarismo, relegando a sus líderes al segundo plano de la política nacional.
Resumen de gobiernos de facto y momentos de mayor concentración del poder en Costa Rica:
- Braulio Carrillo Colina (1835–1842): Centraliza el poder; se nombra Primer Jefe inamovible vitalicio.
- Francisco Morazán Quesada (1842): Prioriza reinstaurar la Federación Centroamericana; intenta instrumentalizar a Costa Rica para recuperar el poder. Es depuesto en un levantamiento armado.
- Juan Rafael Mora Porras (1849-1859): “Golpe de Estado de Frankfort”: disuelve el Congreso y asume facultades. “Purga”, destierros, nepotismo, centralización, restricciones a participación política; cambio el nombre de Guanacaste por Moracia. Asesinado al intentar recobrar el poder.
- Máximo Blanco y Lorenzo Salazar (1859-1871): Instauran y derrocan gobiernos de facto por vía militar. Con su apoyo llegan y caen del poder José María Montealegra, Jesús Jiménez y José María Castro Madriz. Su influencia cae cuando retorna Jesús Jiménez en 1869 y los remueve.
- Jesús Jiménez Zamora (1863-1866 y 1868-1870): Elimina el contrapeso militar, disuelve Congreso, centraliza el Ejecutivo y realiza espionaje político. Pierde el poder por intentar aglomerarlo.
- Tomás Guardia Gutiérrez (1870-1882): Mantiene poder el directa e indirectamente. Usa nombramientos, concesiones, cárcel y destierro, aunque también elimina la pena de muerte. Mantiene influencia “de por vida”; su muerte abre sucesión guardista.
- Próspero Fernández (1882-1885) y Bernardo Soto Alfaro (1885-1889): Continúan el orden guardista sin presentarse como dictadura plena, sino con tintes pseudodemocráticos.
- José Joaquín Rodríguez Zeledón (1890-1894): Tras el triunfo electoral disuelve el Congreso (1892) sin sustento. Realiza persecución, destierro y violencia. Impone a su yerno Rafael Iglesias como presidente.
- Federico y José Joaquin Tinoco (1917-1919): Régimen corrupto y represivo que buscaba reconocimiento internacional.
- Juan Bautisa Quirós (1919): Gobierno de facto, transición post-Tinoco pero no dictatorial.
- Francisco Aguilar Barquero (1919-1920): Gobierno de facto, transición post-Tinoco. Ejemplo “por excelencia” de gobernante de facto demócrata/estadista.
