La mayoría de los estadounidenses rechaza la guerra de Trump en Irán
Una semana después de que Estados Unidos e Israel lanzaran la ofensiva militar contra Irán, la primera oleada de encuestas nacionales ofrece un dato políticamente inquietante para la Casa Blanca: la mayoría de los estadounidenses rechaza la intervención. En contraste con otros conflictos de la historia reciente, la guerra impulsada por Donald Trump arranca con niveles de apoyo inusualmente bajos y amenaza con convertirse en un problema electoral para el Partido Republicano a menos de un año para las elecciones legislativas de medio mandato.
Los sondeos publicados en los últimos días coinciden en una tendencia clara. Según la encuesta de PBS News/NPR/Marist, el 56% de los estadounidenses se opone a la acción militar contra Irán, frente a un 44% que la respalda. Además, un 54% desaprueba la forma en que Trump está manejando el conflicto, mientras que apenas un 36% aprueba su gestión.
La fotografía se repite en otros estudios recientes. Un agregado de ocho encuestas muestra que, salvo un sondeo de Fox News que refleja empate entre apoyo y rechazo, todos los demás registran niveles negativos de aprobación de la guerra. El rechazo oscila entre 10 y 18 puntos porcentuales, según encuestas de YouGov y CNN-SSRS.
La cifra es significativa por una razón histórica: es el inicio de guerra más impopular desde que existen mediciones modernas de opinión pública. Cuando comenzó la intervención en Afganistán tras los atentados del 11-S, el apoyo nacional alcanzaba el 92%. En la invasión de Irak de 2003, el respaldo inicial rondaba el 72%. Esta vez el patrón se ha invertido.
Parte de la explicación está en el contexto político. A diferencia de conflictos anteriores, la operación contra Irán no cuenta con consenso bipartidista. El conflicto aparece claramente asociado a un presidente y a un partido.
Según NBC News, el 89% de los demócratas se opone a los ataques, mientras que entre los independientes el rechazo alcanza el 58%. Entre los republicanos el apoyo es mayor, pero también presenta matices: el 90% de los votantes identificados con el movimiento MAGA respalda la ofensiva, frente a porcentajes más bajos entre los republicanos tradicionales.
Esta polarización convierte el conflicto en una apuesta política personal para Trump. Pero el problema para el presidente es que este rechazo a la guerra llega en un momento de fragilidad en otros frentes clave para los votantes. Su aprobación general se mantiene en torno al 44%, con un 54% de desaprobación, según el promedio de encuestas. Y el terreno donde recibe sus peores evaluaciones es precisamente el que más preocupa al electorado: la economía.
Un 62% de los votantes desaprueba la gestión de Trump frente a la inflación y el costo de vida, mientras que solo un 36% la respalda. Casi la mitad de los estadounidenses cree que sus políticas han perjudicado la economía, y más dela mitad considera que los aranceles comerciales impulsados por su administración han tenido efectos negativos.
En ese contexto, la percepción de que la Casa Blanca dedica más energía a un conflicto internacional que a los problemas económicos internos podría erosionar su base electoral. Analistas políticos advierten que algunos votantes que respaldaron a Trump en 2024 motivados por la promesa de mejorar la economía podrían alejarse si el conflicto en Oriente Medio se prolonga.
De acuerdo con la última encuesta de NBC News, los demócratas mantienen una ventaja en la llamada “boleta genérica” para el Congreso, con un 50% de los votantes inclinándose por candidatos demócratas frente a un 44% que prefiere republicanos.
La historia política estadounidense muestra que las guerras suelen afectar el capital político de los presidentes si se prolongan o generan costos económicos. Analistas recuerdan que, tradicionalmente, los conflictos comienzan con un efecto de “rally around the flag”, un repunte de apoyo patriótico que fortalece al presidente. Sin embargo, ese efecto parece ausente en la actual guerra.
Otra razón puede ser que las guerras modernas generan menos impacto directo en la sociedad estadounidense que en el pasado. La ausencia de reclutamiento obligatorio y la reducción de bajas militares han disminuido la sensibilidad pública hacia los conflictos exteriores. Pero Irán representa un escenario diferente: es un país mucho más grande y ubicado en una de las regiones más volátiles del mundo.
Además, la ofensiva actual dista de ser un ataque quirúrgico limitado. Estados Unidos e Israel han golpeado instalaciones militares y gubernamentales iraníes, y la muerte del líder supremo Ali Khamenei ha abierto una nueva fase de incertidumbre política en Teherán.
En este contexto, las declaraciones de Trump sobre la sucesión en Irán han añadido otra dimensión al conflicto. El presidente afirmó el domingo que cualquier nuevo líder iraní necesitaría el visto bueno de Washington.
“Tendrá que obtener nuestra aprobación. Si no la obtiene, no va a durar mucho”, dijo Trump en declaraciones a ABC News.
Horas después, medios estatales iraníes informaron que la Asamblea de Expertos había elegido como nuevo líder supremo a Mojtaba Khamenei, hijo del ayatolá fallecido. Funcionarios iraníes rechazaron de inmediato cualquier insinuación de influencia estadounidense en el proceso.
La respuesta de Washington será crucial para determinar la evolución del conflicto. Una escalada prolongada —o un aumento en los precios de la energía— podría agravar la presión política sobre la Casa Blanca.
