La bronca de Condoleezza, el desprecio de Zapatero, la humillación en Irak... Sánchez resucita el "No a la guerra"
En el desfile de las Fuerzas Armadas del 12 de octubre de 2003, Rodríguez Zapatero permaneció sentado ante el paso de la bandera de Estados Unidos. El socialista aún era líder de la oposición y faltaban cinco meses para que se convirtiera en presidente del Gobierno. Sin embargo, la estrategia del «No a la guerra» del PSOE funcionaba a pleno rendimiento y Zapatero consideró una buena idea echar más leña al fuego. Han pasado casi 23 años de aquello y los americanos aún recuerdan la foto que abrió el peor capítulo de unas relaciones bilaterales que vuelven a correr un serio peligro.
Javier Rupérez (Madrid, 1941) era el embajador español en Washington aquel Día de la Hispanidad. Una plaza muy codiciada que pasó a ser un fuerte de difícil defensa. Al mal gesto del ex presidente en el desfile de las Fuerzas Armadas siguió la retirada de Irak de las tropas españolas, una orden que daría (ya como jefe de Gobierno) el 18 de abril de 2004 y que complicó más el desempeño de Rupérez.
Las llamadas de Condoleezza
«Recuerdo perfectamente las llamadas de teléfono de Condoleezza Rice, jefa de Gabinete del presidente Bush, increpándonos por aquella decisión. Le tuve que explicar que, al fin y al cabo, todo se debía precisamente al cambio de gobierno», explica el ex embajador en conversación telefónica.
La relación de EE UU y España venía de vivir una luna de miel que había durado varios años y que se vio abocada a un divorcio sucio de un día para otro. «Una de las cosas que no quiere recordar una parte de la opinión pública española es que las tropas que en Irak estaban ya bajo mando de Naciones Unidas. La decisión, enormemente torpe, de la retirada resultó en un empeoramiento enorme y brutal de las relaciones. Los americanos todavía no han olvidado la foto de Zapatero sentado ante el paso de la bandera americana. La tienen siempre presente».
La decisión unilateral del Gobierno socialista puso en peligro al resto de militares de la misión, que eran mayoritariamente europeos. Rupérez pasó momentos amargos que no se le borran de la memoria. «La retirada fue dolorosa también porque, según me contaron luego los propios militares españoles que se vieron obligados a marcharse, tuvieron que sufrir el abucheo del resto de las tropas, que eran fundamentalmente polacas».
La reedición del «No a la guerra» y los gestos exagerados de Sánchez para presentarse como el mayor antagonista de Trump recuerdan a la sobreactuación de Zapatero que tuvo consecuencias tan aciagas para una relación bilateral indispensable. «Que España tenga dudas sobre lo que está ocurriendo en Irán y sobre las razones que han podido llevar a los americanos y a los israelíes a realizar la invasión me parece normal. Pero, desde el punto de vista general diplomático, todos los países europeos, con diversas tonalidades, están procurando mantener cierta tranquilidad en la expresión pública. ¿Por qué? Porque al final hay que procurar mantener una relación viable. Y durante décadas hemos sabido que la relación con Estados Unidos, sea quien sea el presidente, es importante: para ellos, para nosotros y para la estabilidad mundial».
El analista y experto en relaciones internacionales Florentino Portero entiende que la jugada de Sánchez «es, sencillamente, un bofetón público a Estados Unidos». «Y eso tiene consecuencias. Consecuencias en distintos planos, unos más visibles que otros. Los menos son los más importantes, porque tienen que ver con compartir información, tecnológica y de Inteligencia». Un ejemplo claro fue la colaboración americana para la lucha contra ETA previa a la victoria electoral del PSOE tras los atentados islamistas del 11 de marzo. «Nosotros derrotamos a ETA porque Bush cedió al CNI una tecnología que no tenía casi nadie en el mundo y que nos permitió controlar comunicaciones de la banda. Eso fue un gesto de Bush hacia Aznar. Son cosas que tienen que ver con la confianza entre países», rememora Portero.
"España no es fiable"
La herida en el vínculo transatlántico que dejaron aquellos años tardó mucho tiempo en cicatrizar. Según el citado experto, no se logró ni con la vuelta de los populares a la Moncloa en 2011. «Ese buen entendimiento no se logró remontar ni en el periodo de Rajoy. Y no se remontó primero por su desinterés, ya sabemos cómo es. Segundo, porque el ministro de Asuntos Exteriores no era particularmente pronorteamericano. Y tercero, y muy importante, porque los norteamericanos te dicen en privado: ‘‘Ya sé que los chicos del PP son gente muy agradable y podemos entendernos con ellos, pero nosotros no negociamos con partidos; negociamos con Estados. Y España no es fiable”».
Si el jefe del Ejecutivo no se contiene, como bien hace el resto de líderes europeos, según académico, tiene que ver con su situación de debilidad extrema: « El Gobierno está en una situación política muy delicada: pierde votantes potencialmente, la mayoría parlamentaria está muy falta de cohesión y, sencillamente, con este giro el presidente Sánchez lo que intenta es introducir energía a su causa política y llegar a las elecciones con la mejor proyección posible. Esto se está repitiendo mucho ahora en los medios de comunicación y es verdad».
Portero considera que si, hipotéticamente, el PP ganara las próximas elecciones generales y lograra armar una mayoría parlamentaria, las relaciones con la Casa Blanca mejorarían. Sin embargo, cree que hay mucho daño que no se puede revertir: «Nunca vamos a recuperar la relación que hubo en la etapa final de González y durante los siguientes ocho año con el PP en el Gobierno. Para eso tardaremos muchísimo tiempo».
«Siempre habría un trasfondo de desconfianza profunda porque saben que en cualquier momento hay un cambio de Gobierno en España y todo vuelve patas arriba. Ellos necesitan trabajar en largo plazo: la defensa nunca es en el corto plazo», concluye.
"Adultos en la habitación"
Desde la primera llegada al poder de Trump a en 2016, en las oficinas de Washington DC se insistía en que «los adultos seguían en la habitación». Esto significa que, por muchas butades que salieran de la boca del nuevo inquilino de la Casa Blanca, el establishment seguía al mando del Estado. Entre ellos, el Pentágono, los militares que, como dice Portero, construyen la política de defensa en el largo plazo.
Tal y como asegura Juan Montenegro, teniente general retirado del Ejército español, los militares se entienden entre ellos y, sobre todo, «saben que las decisiones las toman los políticos». Otra cosa bien distinta es con cuánto tiempo se comunican esas decisiones que, en el caso de la retirada de Irak hace 23 años o del uso de las bases de Rota y Morón esta misma semana, habrían dejado muy poco margen de reacción al aliado americano.
«Esas cosas requieren tiempo. Tiempo para volver a redesplegar unidades o poner otras que desconocen el terreno, por ejemplo. Un relevo en zona de combate es una cosa muy difícil. Ocurrió con el primer “No a la guerra”, cuando nos fuimos de Irak sin avisar, y ahora hemos dicho que no pueden utilizar las bases de un día para otro. Esto se sabía. Nadie ha desplegado grupos de portaaviones para crucero turístico. Habría que haberles dado tiempo a los americanos para recomponer su situación. No puedes decirlo cuando están los planes de vuelo todos hechos», explica.
Montenegro, que sirvió de enlace militar con la OTAN y la UE entre 2018 y 2021, cree que estas cosas dejan heridas difícilmente restañables. «Son cosas que no se olvidan. Pasas de pronto de ser un aliado fiable a no serlo en absoluto. Luego tienes que hacer cantidad de esfuerzos para que te perdonen, entre comillas, o para que no te lo tengan en cuenta. Nos hace falta el apoyo de los americanos para todo, son el gran hermano de la OTAN. Si queremos que nos respalden para colocar a un militar o a un diplomático en puestos importantes de la Alianza Atlántica, habrá que ser amigos».
Concluye este veterano del Ejército que los primeros que defienden el lema resucitado por Sánchez son los militares: «Somos los primeros que nos apuntamos, porque nosotros hemos estado en escenarios de guerra. Trabajamos todos los días para que se llegue a eso, pero la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios, como decía Clausewitz».
