Alerta eclesial por el «abuso espiritual» del «emotivismo» religioso
Retiros de fin de semana que propician conversiones sorpresivas. Oraciones de alabanza que exaltan el sentimentalismo. Imposiciones de manos que sugieren una sanación inmediata. Desplomes físicos en medio de una vigilia de oración que se denominan «descansos en el Espíritu». Adoraciones al Santísimo remasterizadas. Son algunas prácticas que desde un tiempo a esta parte se están dando en espacios eclesiales. En algunos casos se presentan como métodos de primer anuncio del Evangelio. En otros, como una manera renovada de vivir la fe. Son fenómenos emergentes que están repoblando parroquias y movimientos, pero que parecen tener alguna arista que comienza a preocupar, y mucho, a los obispos. Así al menos se desprende de forma detallada y sin rodeos en «Cor ad cor loquitur» (El corazón habla al corazón), un documento publicado ayer y elaborado por la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española en la que alerta del «reduccionismo ‘emotivista’ de la fe» que lleva a «muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual».
En ningún momento los prelados ponen nombre y apellidos a cuáles son las iniciativas que ponen en cuarentena, pero se expresan sin reserva sobre sus efectos: «Existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un ‘bombardeo emocional’, lo cual podría considerarse una forma de ‘abuso espiritual’». La advertencia que lanzan no es menor, en tanto que incluso han llegado a detectar, según se lee en el propio documento, «la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas».
Para poner coto a esta deriva, la nota llega a asegurar que «estos nuevos métodos» deberían ser «sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes». Se busca frenar «la oración ‘espiritualista’ desencarnada», así como «unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas», reduciendo la liturgia a un «mero devocionalismo». Así, no dudan en condenar «prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento», así como «el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el ritual».
Aprobado la semana pasada en la Comisión Permanente celebrada en Madrid, el escrito reconoce la «creatividad» de algunas de estas propuestas. Sin embargo, con finezza eclesial, los pastores creen necesario «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias».
La nota doctrinal subraya que el «emotivista religioso» hace «depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas». Incluso se advierte de que no se pueden «confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada».
El aviso no se queda ahí, sino que resalta cómo aquellos cristianos que se dejan llevar por este emotivismo pueden entrar en una esfera «fácilmente manipulable». En este sentido, exponen cómo la «presión emocional del grupo» puede llevar a que los católicos que forman parte «se vean obligados a ‘sentir’ lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia».
De la misma manera, se ahonda en el «falso misticismo» en el que pueden caer estas metodologías y que «desvirtúan una auténtica visión de Dios». En un tono asertivo, remarcan que podrían convertirse en «medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral».
A la par, se dejan caer otros riesgos como «una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia». Tampoco se quedan atrás a la hora de prevenir sobre la cerrazón de algunos movimientos: «Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia».
«Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros», se señala justo después.
Junto a las coordenadas para detectar dónde están los límites que no pueden sobrepasar estas iniciativas, el Episcopado también ofrece unos criterios como «ser precavido ante los sentimientos y las emociones», ser fieles a la doctrina desde «la adhesión personal con Cristo», seguir los itinerarios catecumenales y procesos formativos establecidos por la Iglesia.
Otra «prueba del algodón» para evitar un espiritualismo emocional es que estas iniciativas se traduzcan en «la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino». «Si no somos capaces de tocar la carne de los últimos, no estamos siendo fieles al Evangelio», señalan los obispos españoles.
