El poder de las imágenes
El elefante está demasiado grande para que no se vea en la sala. La viabilidad de México como sede del Mundial de Futbol que arranca aquí en escasos tres meses está siendo puesta en duda por la violencia. El catalizador ha sido la reacción del Cártel Jalisco Nueva Generación ante la muerte de su líder, Nemesio Oseguera, El Mencho. La FIFA le pidió un informe sobre la seguridad en México a su director ejecutivo en este país, Jurgen Mainka, para que les sirva en la mesa de las decisiones. Aquí comienzan a reaccionar normalizando las cosas. No pasa nada. Todo está bajo control. El país está en calma. La retórica choca con las imágenes que están circulando en el mundo.
México está siendo visto como un país en guerra. Enfrentamientos y columnas de humo de las refriegas; bloqueos carreteros, transportes quemados, gasolineras y establecimientos comerciales incendiados; alertas para que nadie salga de sus casas o, en el caso de los extranjeros, que busquen refugio. Los noticieros de televisión en Estados Unidos y Canadá –las otras sedes mundialistas– entrevistan a turistas de sus países sobre lo que han vivido en sus vacaciones, mostrando las imágenes de la disrupción del orden.
¿Estaba calculada la reacción del CJNG tras la operación contra su líder? Un funcionario aseguró el domingo por la noche: “Absolutamente”. Es posible, por la experiencia de este tipo de acciones, que son cíclicas, que así haya sido. Sin embargo, lo que no había sucedido es que el grupo criminal ejecutara a guardias nacionales como venganza, que recuerda a Colombia, cuando Pablo Escobar ordenó a sus sicarios asesinar a policías ante el acoso del gobierno, en defensa de sus intereses. Entre 1989 y 1992, unos 500 policías y militares fueron asesinados por el Cártel de Medellín.
Lo que definitivamente no estaba calculado es que las acciones demostrativas de poder el domingo y el lunes, más que una acción directa contra las fuerzas federales, proyectarían la imagen de un país en caos y un gobierno rebasado. Una de estas fotografías llegó ayer a la primera plana de The New York Times, donde se veían camiones y vehículos incendiados en una carretera en Jalisco. Otra ocupó lo alto de la portada del Dallas Morning News, con el titular “Caos en México”. El Globe and Mail, el periódico más influyente de Canadá, publicó una terrible fotografía ocupando casi un cuarto de su primera plana, con un autobús quemado, cruzado en una carretera, afuera de Guadalajara.
El Financial Times, uno de los dos periódicos financieros más influyentes del mundo, tuvo la información sobre la violencia del domingo entre sus tres principales noticias más leídas del lunes, y el otro, The Wall Street Journal, le dedicó tres columnas en su primera plana de ayer al tema de El Mencho. “Mientras los problemas latentes se desbordan”, reportó The Guardian, “los políticos mexicanos deben demostrar que pueden mantener seguros a sus ciudadanos”. La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró ayer que la seguridad estaba garantizada, y Marcelo Ebrard, secretario de Economía, trató de minimizar las cosas argumentando absurdamente que el factor de riesgo en el Mundial de Qatar era mucho mayor, por las condiciones de violencia en algunos países cercanos.
Nadie, salvo algunos en México, le prestarán oído a su alegato, que no resiste a la realidad. La ministra de Defensa de Canadá, Anita Anand, le dijo a la prensa que 26 mil canadienses se habían registrado en la embajada por la volátil situación de seguridad en México, de los cuales ocho mil lo hicieron el domingo.
La narrativa que emerge en Washington y Ottawa no es la de un suceso aislado, sino la de una sacudida que reconfigura percepciones y prioridades de seguridad hemisférica. Anand ha sido citada en la prensa detallando comunicaciones con el gobierno mexicano y enfatizando el monitoreo constante de una situación que, por momentos, se tornó impredecible para viajeros norteamericanos y canadienses.
Lo que agravó la percepción en ambos países fueron las alertas extraordinarias de seguridad emitidas por las embajadas, donde Washington y Ottawa recomendaron a sus ciudadanos tomar medidas de precaución estrictas ante enfrentamientos y bloqueo de vías, subrayando que la violencia no ha sido contenida en un solo municipio, sino que alcanza a amplias zonas del occidente mexicano.
La FIFA no ha dado señales de que esté considerando una sede alterna al Mundial, pero están preocupados, como lo muestra la petición del informe a su representante en México, Mainka. De acuerdo con el artículo 5.9 del Reglamento del Mundial, se podría cancelar, reprogramar, reubicar partidos o todos los juegos a su entera discreción, por causas de fuerza mayor, que incluyen guerras, disturbios civiles graves o riesgos inminentes a la seguridad.
En las reuniones que ha llevado a cabo el comité organizador mexicano con la Federación Mexicana de Futbol y la FIFA, la seguridad está en una de las mesas centrales. Todo iba bien hasta noviembre pasado, cuando dos agentes federales fueron secuestrados en Zapopan por miembros del CJNG. Siete días después, extrañamente para sus prácticas, los criminales los dejaron vivos y libres.
Las alertas se prendieron en Washington. En enero, dijo una fuente estadounidense, la consideración era que si se daba un incidente de alto impacto en Guadalajara, presionarían para que le quitaran la sede. Hace dos meses la capital tapatía había levantado preocupación por información en las agencias de inteligencia estadounidenses de que el CJNG estaba planeando actos de sabotaje durante el Mundial. Una fuente confió que en una de esas sesiones se habló de que habría un operativo contra El Mencho, surgiendo la recomendación que fuera lo antes posible, para alejarlo de la inauguración el 11 de junio. La sede de Guadalajara se encuentra en vilo, pero a diferencia de enero, la conversación general ya no es sobre esa ciudad, sino sobre las tres sedes.
La violencia sigue, en mucho menor escala, con una tendencia a la normalización. El problema es que nuestra normalización es muy diferente a la de casi todo el mundo, y el relato mediático en los medios no sólo informa, sino moldea la percepción pública sobre México como destino seguro, redefiniendo agendas y presionando a gobiernos a coordinar respuestas que trasciendan las fronteras. Para contrarrestar las percepciones, la retórica no basta y, por lo que se ve, tampoco hay una estrategia para neutralizarlas.
